Monday, 8 November 2010

LA CRISIS DE 1200 a C (3)

HIJOS DE KAFTOR Y ANAK: EL ORIGEN DE LOS FILISTEOS

por Carlos J. Moreu

RESUMEN

Las migraciones que llevaron a cabo los llamados Pueblos del Mar a finales de la Edad de Bronce dieron origen al pueblo de los filisteos, quienes se establecieron en las zonas costeras de Canaán y por ello son citados con frecuencia en los relatos bíblicos del Antiguo Testamento. Los filisteos eran llamados pelistim por los hebreos, aunque también se indica en la Biblia que procedían de las tierras de Kaftor y de Anak, y por ello recibían igualmente las denominaciones de kaftorim y anakim. Kaftor se identifica claramente con la isla de Creta, que en esa época estaba bajo el dominio de los aqueos o micénicos de Grecia, y Anak con el país de Anakku o del “estaño”, situado en el sur de Anatolia. De acuerdo con las fuentes egipcias relativas a los Pueblos del Mar, hubo una primera oleada migratoria encabezada por los aqueos (llamados ekwesh por los egipcios y kaftorim por los hebreos) y una segunda oleada en la que participaron activamente los filisteos (llamados peleset por los egipcios) que son a su vez identificables con los anakim del sur de Anatolia. Ambos grupos de Pueblos del Mar lograron asentarse en Canaán y se mezclaron étnicamente para formar el pueblo filisteo.

LOS FILISTEOS EN LAS FUENTES BÍBLICAS

El antiguo pueblo de los filisteos es conocido principalmente por los textos bíblicos, que situaban su territorio en la franja costera de Palestina, al oeste de la región que ocupaban los hebreos en Canaán. El nombre de Palestina deriva precisamente de su nombre, pelistim en la forma hebrea y palaistinoi en griego.
Las cinco ciudades más importantes de los filisteos eran Gaza, Ascalón, Gat, Azoto y Acarón, si bien las dos últimas son conocidas por los arqueólogos como Asdod y Ekrón. Los textos del Antiguo Testamento presentan a este pueblo como una permanente amenaza para los hebreos, y aplican a los filisteos el calificativo de “incircuncisos”, lo cual indica que no eran una tribu semítica como los israelitas y otros pueblos cananeos por no practicar la circuncisión. También se señala en la Biblia que los filisteos no habían vivido siempre en Palestina, ya que procedían de unas tierras que los hebreos denominaban Kaftor y Anak. Así por ejemplo, el profeta Jeremías lanzó esta maldición contra ellos: “Es Yavé que destruye a los filisteos, a los retoños de la isla de Kaftor; Gaza se ha rasurado la cabeza, Ascalón está desgreñada, los retoños de Anak se hieren sin piedad.” (Jeremías 47, 4-5).
Así pues, los filisteos eran llamados “hijos de Kaftor” por sus vecinos hebreos, así como “hijos de Anak”, expresiones que en otros pasajes de la Biblia se corresponden con los términos kaftorim y anakim, usados alternativamente para referirse a los mismos pelistim o filisteos. En Deuteronomio 2, 23 se puede leer lo siguiente: “los hivim, que habitaban en cortijos hasta Gaza, fueron destruidos por los kaftorim que, salidos de Kaftor, se establecieron en su lugar”, y en Josué 11, 22 encontramos este otro texto: “No quedó ni uno de los anakim en todo el territorio de los hijos de Israel; sólo quedaron en Gaza, en Gat y en Azoto.” Los filisteos, por tanto, se habrían asentado en la costa de Palestina después de haberse enfrentado con la tribu cananea de los hivim o heveos, sus anteriores pobladores. Al parecer, también habían ocupado inicialmente algunas tierras en el interior, incluida la ciudad de Hebrón, pero fueron expulsados de esa zona por los israelitas que estaban bajo el mando de Josué, el sucesor del legendario Moisés. Otros pasajes bíblicos que se refieren a los anakim pueden encontrarse en Josué 14, 12-15 y en Josué 15, 13-14, mientras que en Génesis 10, 14 y Amós 9, 7 se dice nuevamente que los filisteos eran un pueblo de origen extranjero, descendiente de los kaftorim o procedente de Kaftor.
Ahora bien, existen otras dos denominaciones que se aplicaron en la Biblia a los filisteos. La primera de ellas es peletim, una simple variación del término pelistim, y la otra es keretim. Ambas se encuentran en Samuel II 15, 18, aunque el término keretim vuelve a aparecer en el siguiente texto de Sofonías 2, 4-5: “Gaza será abandonada y Ascalón asolada, Azoto saqueada en pleno día y Acarón extirpada. ¡Ay de los habitantes de la costa del mar, del pueblo de los keretim!”. El interés de esta última denominación radica en que los antiguos traductores griegos que elaboraron la llamada Septuaginta o “Biblia de la Setenta” interpretaron el nombre de los keretim como kretes o cretenses, de modo que la llamada isla de Kaftor no sería otra que la isla de Creta, situada al sur del mar Egeo. Esta identificación resulta correcta, ya que otras fuentes egipcias de la Edad de Bronce hacen referencia al pueblo de los keftiu, cuyo nombre es similar al de los kaftorim, y todo apunta a que esos keftiu eran ciertamente los cretenses. En una inscripción del antiguo templo del faraón Amenhotep III, por ejemplo, se menciona el país de los keftiu junto a otros cuatro nombres que sin duda se refieren a las localidades cretenses de Cnosos, Amnisos, Phaistos y Kydonia; y las representaciones de los embajadores keftiu que visitaron Egipto también coinciden con el aspecto y la indumentaria de los cretenses, tal como aparecen en los frescos del palacio de Cnosos.
Respecto al citado pasaje del libro II de Samuel, este texto se refiere a la época del rey David, datada normalmente alrededor del año 1000 a C, y en él se habla de un numeroso grupo de hombres que se había desplazado desde la ciudad filistea de Gat, el cual estaba formado por tres contingentes: el de los keretim, el de los peletim, y un tercero que estaba dirigido por un jefe llamado Itai, perteneciente a la tribu de los hittim. Estos hittim o hititas son mencionados también en Génesis 23, 2-3 en relación con la ciudad israelita de Hebrón, la misma que habría estado temporalmente ocupada por los anakim según los textos ya citados del libro de Josué. En el pasaje del Génesis, los hititas son llamados bene Het o hijos de Het, un pueblo que otros textos bíblicos localizan en Siria y son así identificables con los llamados “neohititas”, es decir con los descendientes del pueblo anatólico que, durante la Edad de Bronce, había controlado un vasto imperio con capital en la ciudad de Hattusa. Otro personaje de origen hitita citado en la Biblia fue Urías, un guerrero que estaba al servicio del rey David y cuya esposa Betsabé cometió adulterio con el monarca israelita. Estas referencias bíblicas apuntan, por tanto, a la presencia de un cierto número de hititas en Canaán, a principios de la Edad de Hierro, y permiten suponer que existía algún tipo de relación entre esos inmigrantes y el pueblo de los filisteos, de origen igualmente extranjero.
Como último dato que nos proporciona el Antiguo Testamento, es conveniente hacer una referencia a los pocos personajes filisteos que aparecen en los textos bíblicos con nombre propio. El primero de ellos es Goliat, el gigantesco guerrero que fue vencido por David en combate singular. A continuación tenemos a Dalila, la mujer que engañó a su amante, el israelita Sansón, entregándolo a los filisteos que pretendían capturarlo. Y finalmente tenemos a Aquis, rey filisteo de Gat, quien acogió en su ciudad a David cuando éste estaba enemistado con el rey Saúl de Israel. Por otra parte, se nombra entre los anakim de Hebrón a un tal Arbé, padre de Anak, y a los tres hijos de este último, llamados Sesai, Ajuman y Tolmai. Sabemos asimismo por la Biblia que los filisteos de Gaza rendían culto a Dagón, un dios que también era venerado en la costa de Siria.

LOS FILISTEOS EN LAS FUENTES CLÁSICAS

Los griegos y los romanos, que realizaron grandes viajes y conquistas, también conocieron a los filisteos. No obstante, las fuentes clásicas no aportan demasiada información sobre el origen de este pueblo.
En el siglo V o VI d C, Esteban de Bizancio escribió un compendio de topónimos en su obra titulada Ethnika, basándose en otros escritos más antiguos. Al referirse a Gaza, uno de los principales asentamientos filisteos, este autor indica que la ciudad fue también conocida como Minoa, nombre que habría recibido del legendario rey Minos de Creta. Añade Esteban de Bizancio que en Gaza o Minoa había un santuario dedicado al Zeus cretense, llamado Zeus Marnas o Zeus Cretágenes, que significa “nacido en Creta”.
En la Ethnika también hay una referencia a la ciudad filistea de Ascalón. Esteban de Bizancio cita, en este caso, una obra perdida que fue escrita en el siglo V a C por el historiador Janto de Lidia. De acuerdo con este último autor, Ascalón habría sido fundada por el lidio Ascalo, hijo de Himeneo y hermano de Tántalo. Janto relacionó además la ciudad de Ascalón con el culto a una diosa llamada Atargatis o Atergata que, al igual que Dagón, fue adorada en Siria.
Estas fuentes apuntan, por tanto, a un origen de los filisteos en la isla de Creta, coincidiendo con los textos bíblicos, pero también señalan un origen anatólico de este pueblo, lo cual nos proporciona una primera pista sobre la identidad del país de Anak que se menciona asimismo en la Biblia.

LOS FILISTEOS EN LAS FUENTES EGIPCIAS

Algunas inscripciones egipcias de la época del faraón Merneptah (finales del siglo XIII a C) y de Ramsés III (principios del siglo XII a C) mencionan a unos pueblos procedentes de “el mar” –traducción del término egipcio pa yam– los cuales trataron de invadir sus territorios en dos ocasiones diferentes. Otra denominación que utilizaron los egipcios para referirse colectivamente a estos pueblos fue haunebu, la cual se incluye en una de las inscripciones del templo funerario de Ramsés III. El significado más probable de haunebu es “los de más allá”, refiriéndose seguramente a quienes vivían en las costas del Mediterráneo oriental situadas al norte de Egipto, al otro lado del mar. Este último término fue usado por primera vez en los tiempos de la VI Dinastía, cuando se produjeron los primeros contactos comerciales entre los egipcios y otros pueblos del Egeo como los cretenses y los cicládicos, pero después se aplicó igualmente a los habitantes de Grecia y de las costas de Anatolia (la actual Turquía).
En los muros del templo funerario de Ramsés III, también conocido como templo de Medinet Habu, se han conservado relieves que representan a algunos Pueblos del Mar. Entre ellos destacan los filisteos, cuyo nombre en escritura jeroglífica egipcia suele interpretarse como peleset, aunque igualmente podría pronunciarse “pelisti”, muy similar entonces a la forma hebrea pelistim. De acuerdo con estas fuentes, los filisteos formaban parte de una coalición de cinco Pueblos del Mar que se enfrentó con el ejército de Ramsés III en el octavo año de su reinado (ca. 1190 a C), durante un periodo en el cual se produjo una gran agitación en el Mediterráneo oriental. Después de haber sido devastados diversos territorios de Anatolia, Chipre y el norte de Siria, que formaban parte del imperio hitita, los Pueblos del Mar se habían agrupado en un campamento establecido en la región siria de Amurru y se habían dirigido hacia Canaán y las fronteras de Egipto buscando nuevas tierras donde asentarse, desplazándose por tierra y por mar. Los que viajaban por tierra llevaban consigo a sus mujeres y niños, como si fueran refugiados, lo cual hace mucho más factible que fuesen las vícimas de las destrucciones producidas anteriormente en Anatolia, en vez de tratarse de los causantes. Según las inscripciones egipcias de Medinet Habu, los Pueblos del Mar llegados desde el norte fueron vencidos por los egipcios, si bien éstos permitieron que se estableciesen finalmente en Canaán como vasallos del faraón. Éste parece ser, por tanto, el origen de la presencia filistea en la región de Palestina, donde fueron posteriormente localizados por los hebreos.
En los relieves del templo de Ramsés III están representados los prisioneros capturados por los egipcios, pertenecientes a los Pueblos del Mar. No obstante, el ejército egipcio realizó otra campaña en Canaán, con el fin de restablecer su anterior dominio sobre el territorio vecino. En esta última campaña de Ramsés III, los egipcios debieron de capturar prisioneros hititas y sirios, además de los guerreros pertenecientes a los Pueblos del Mar. Uno de los relieves del templo representa, por ejemplo, a siete jefes arrodillados entre los que se encuentra un hitita, otro jefe amorita y un jefe de los peleset o filisteos. Si hubo entonces refugiados hititas que también emigraron a Siria y Canaán, tras la destrucción de su imperio, se podría explicar la referencia bíblica a unos hittim o hititas asociados a los filisteos de Gat.
Ahora bien, las fuentes egipcias también hacen referencia a un ataque anterior de los Pueblos del Mar a Egipto. En el quinto año del reinado de Merneptah (ca. 1230 a C) se había formado otra coalición de pueblos invasores que se unió a los libios, vecinos occidentales de los egipcios, para tratar de conquistar el Delta del Nilo. También entonces los atacantes extranjeros fueron rechazados por el ejército egipcio, aunque en aquella ocasión no se citó a los peleset o filisteos como pueblo integrante de la coalición. Por otra parte, en los tiempos del faraón Merneptah los Pueblos del Mar no debieron de desplazarse hasta Egipto como refugiados, tal como ocurrió en la época de Ramsés III, sino como simples agresores.
Los egipcios solían aplicar a los Pueblos del Mar el calificativo de “norteños”, lo cual vuelve a situar su origen, en general, en las tierras del mar Egeo y de la península de Anatolia que se hallan justamente al norte de Egipto, al otro lado del Mediterráneo. También asociaban los egipcios a estos navegantes con unas “islas en medio del mar”, las cuales son perfectamente reconocibles en las numerosas islas que se encuentran junto a Grecia y Asia Menor. Entre los nueve Pueblos del Mar que se nombran en las fuentes egipcias cabe destacar –además de los peleset– a los ekwesh y a los lukka, los cuales formaban parte de la coalición derrotada por el faraón Merneptah y son respectivamente identificables con los aqueos de Grecia y con los licios del suroeste de Anatolia. En la coalición que se enfrentó a Ramsés III, cuarenta años después, no participaron los ekwesh ni los lukka junto a los peleset, pero encontramos a otro pueblo cuyo origen anatólico resulta muy plausible: los tjeker o teucros, nombre por el que también fueron conocidos los troyanos del noroeste de Anatolia en las fuentes clásicas. Los tjeker son representados en los relieves de Medinet Habu con una indumentaria idéntica a la que usaban los peleset o filisteos.
En resumen, las fuentes egipcias también nos indican un origen del pueblo filisteo en la amplia zona que va desde del mar Egeo hasta las fronteras orientales de Anatolia, coincidiendo con las fuentes bíblicas y clásicas, pero no llegan a precisar con exactitud su tierra de procedencia.

LA CULTURA MATERIAL DE LOS PUEBLOS DEL MAR

Los vestigios de finales de la Edad de Bronce que han sido hallados en los yacimientos arqueológicos de Asdod, Ekrón y Ascalón revelan la cultura material de los antiguos filisteos, mostrando al mismo tiempo una gran variedad. Algunos objetos se relacionan claramente con la cultura micénica de Grecia y Creta, mientras que otros tienen paralelos en Chipre y Anatolia. No faltan, por otra parte, algunos materiales de estilo cananeo que seguramente pertenecían a la cultura de los pueblos previamente establecidos en la zona.
El estudio de los restos de cerámica desenterrados ha permitido identificar dos fases o periodos en la ocupación de la costa palestina por pueblos de origen extranjero. En la primera fase aparece una cerámica de estilo micénico que no llegó a través del comercio, como había ocurrido en épocas anteriores, sino que fue fabricada localmente con arcilla obtenida en la propia zona. Esta cerámica suele denominarse monocroma porque su decoración estaba pintada con un solo color oscuro. En una segunda fase, datada en el siglo XII a C, la cerámica pasó a ser bicroma, con la decoración en rojo y negro, y empezó ya a diferenciarse de la cerámica micénica que se fabricaba en el Egeo. La arqueóloga T. Dothan, que dirigió las excavaciones de Asdod y Ekrón, distingue a su vez dos estilos dentro de la cerámica monocroma derivada de la micénica: uno al que denomina “estilo simple” por la sencillez geométrica de su decoración, y otro al que llama “estilo elaborado” por estar decorada con unos motivos más figurativos. De acuerdo con esta especialista, la cerámica monocroma de estilo simple empezó a fabricarse en esas dos ciudades un poco antes que la cerámica monocroma de estilo elaborado, la cual llegó a coincidir en el tiempo con los primeros ejemplos de cerámica bicroma filistea. Esta última también estaba decorada con motivos pictóricos que solían representar aves y peces.
En la ciudad de Asdod o Azoto, el nivel XIV de ocupación fue destruido, y el nivel denominado XIIIb por los arqueólogos, un poco más reciente, contiene cerámica monocroma muy similar a la fabricada por los griegos micénicos, un estilo que lógicamente habría sido introducido por sus nuevos ocupantes. En el siguiente nivel XIIIa la cerámica monocroma se siguió utilizando junto a otras vasijas de cerámica bicroma, mientras que en el nivel o estrato XII de Asdod, una ciudad que fue ampliada por sus habitantes, ya sólo se ha encontrado la característica cerámica bicroma de los filisteos.
En Ekrón, también llamada Acarón, el estrato VIII acabó en una total destrucción y el siguiente nivel, el VII, fue ampliado por una población inmigrante que fabricaba cerámica monocroma de estilo simple, decorado con bandas horizontales y espirales. Posteriormente, aparece en el estrato VI otra cerámica monocroma de estilo elaborado, con decoración a base de peces y aves, y los ejemplos más antiguos de cerámica bicroma, que también presentan este tipo de decoración pictórica y algunos elementos nuevos.
Además de la cerámica monocroma, se han encontrado en los yacimientos filisteos otros objetos relacionados con la cultura micénica, como unas pesas que se usaban en los telares. En el yacimiento de Tell el-Farah, que se encuentra a unos 25 kms al sur de Gaza y que fue identificado con la antigua Bet Pelet, se encontraron cinco tumbas de cámara de estilo micénico. En cuanto a las estatuillas pintadas y a las habitaciones centrales con hogar, desenterradas en las principales ciudades filisteas, se han considerado asimismo pruebas de una presencia micénica, pero hay que decir que las primeras tienen también sus paralelos en Chipre y las segundas en Anatolia. Por otra parte, ciertas vasijas pertenecientes a la cerámica filistea, que son denominadas “botellas” por su especial forma, parecen tener su origen en Chipre, así como un tipo de vaso votivo hallado en Ekrón. En Asdod se encontró, además, un sello muy similar a otros ejemplos chipriotas.
Las representaciones de los guerreros filisteos, o peleset, en los relieves egipcios de Medinet Habu son también de un gran interés, ya que su aspecto apunta más a una procedencia asiática o anatólica que a un origen en la Grecia micénica. Los filisteos, al igual que otros guerreros de los Pueblos del Mar capturados por Ramsés III, se cubrían la cabeza con algo parecido a un casco, rematado con una corona de plumas o de cintas de cuero. El ejemplo más parecido a este tipo de casco se encuentra en la representación de un guerrero que adorna una caja de marfil hallada en Chipre, la cual es contemporánea de los relieves egipcios. Las espadas que usaban los filisteos también eran de origen asiático y bastante diferentes, por tanto, a las espadas micénicas de finales de la Edad de Bronce, tal como ha demostrado J. Vanschoonwinkel. Lo mismo puede decirse de los faldellines y coseletes que vestían y de los carros que utilizaban los guerreros que se desplazaron por tierra, los cuales eran de estilo hitita o anatólico y no de estilo micénico.
Además de la franja costera donde se localizan las cinco principales ciudades de los filisteos, hubo otros asentamientos un poco más al norte cuya ocupación también se atribuye a los Pueblos del Mar, en los cuales se ha encontrado cerámica filistea. En el área próxima al puerto de Jaffa, que ya existía en la Edad de Bronce, se sitúan los yacimientos de Azor y Tell Qasile, en cuyos cementerios se documenta una práctica funeraria, de origen anatólico, que usaba grandes vasijas llamadas pithoi para conservar los restos del difunto. En la necrópolis de Tell Qasile, que data del siglo XI a C, esos restos habían sido incinerados previamente, y este mismo rito se documenta en el cementerio troyano de Besiktepe, trescientos años más antiguo. En Azor también se ha encontrado alguna muestra de cremación fechada en el siglo XI a C, así como un tipo de inhumación en doble vasija (o doble pithos) que tiene sus antecedentes en varias zonas de Anatolia, incluido el yacimiento hitita de Alisar Huyuk, pero no se documenta en Grecia.
Aún más al norte, en la costa del Carmelo, se encuentra el yacimiento de Tel Dor, que fue ocupado en el siglo XII a C por uno de los Pueblos del Mar aliados de los filisteos. En Tel Dor se han encontrado algunos restos de cerámica bicroma filistea, pero la parte excavada que corresponde a aquella época es bastante reducida. El yacimiento más interesante en esta zona es Tel Nami, un enclave marítimo muy próximo a Tel Dor que floreció durante unas tres o cuatro décadas hasta ser destruido. En Tel Nami se ha encontrado cerámica micénica, fabricada en esa misma zona del Levante, así como enterramientos en grandes vasijas, práctica de origen anatolio que fue igualmente conocida en otras zonas del Egeo. También se han hallado en Tel Nami puntas de flecha de tipo micénico y unos cuencos de estilo minoico o cretense, pero allí no se ha encontrado, en cambio, cerámica bicroma filistea.
Como ya sabemos, en la Biblia se indica que los pelistim y los anakim no solamente ocuparon las regiones costeras de Canaán, sino también algunas zonas del interior, al menos durante cierto tiempo. Los hallazgos arqueológicos parecen confirmar igualmente este dato, ya que se han encontrado objetos pertenecientes a la cultura material de los filisteos en Bet Shean (la bíblica Betsán), Bet Shemesh y Tell es Sa’idiyeh. Este último yacimiento se encuentra en el valle del río Jordán y en él se encontraron más de 30 enterramientos en doble pithos, que datan del siglo XII a C, y otras inhumaciones asociadas que contenían restos de niños. Esto proporciona una evidencia del asentamiento en dicha zona de un grupo, más o menos reducido, de origen anatólico. Respecto a la relación de los anakim y de los “hijos de Het” con la ciudad de Hebrón, se ha encontrado cerámica filistea en Tell Beit Mirsim y en Tell Aitun, dos yacimientos bastante cercanos a Hebrón.
Por último hay que mencionar los sarcófagos antropoides hallados en Bet Shean y Tell el-Farah, cuya utilización se explica por la gran influencia cultural que debieron de ejercer los egipcios en Canaán antes y después del asentamiento de los filisteos.
Una vez conocidos todos estos datos arqueológicos, hay que relacionarlos con las fuentes escritas para poder desvelar el origen étnico de los filisteos.

LA FORMACIÓN DEL PUEBLO FILISTEO

Como ya sabemos, los registros egipcios de finales de la Edad de Bronce se refieren a dos coaliciones de Pueblos del Mar que amenazaron Egipto y Canaán en épocas diferentes, con un intervalo de unos 40 años.
La primera coalición actuó alrededor del año 1230 a C, durante el reinado del faraón Merneptah, y estaba formada por los llamados ekwesh y por otros cuatro pueblos que, con toda probabilidad, procedían de las costas anatólicas del mar Egeo. En aquella época la isla de Creta estaba bajo el dominio de los aqueos o micénicos, quienes la habían conquistado en el siglo XV a C, de modo que aquéllos que en la Biblia son llamados kaftorim y keretim, dos términos que significan “cretenses”, debían de ser unos aqueos llegados desde Creta y otras islas del Egeo, y coincidirían entonces con el pueblo que los egipcios llamaban justamente ekwesh o aqueos. Resulta significativo que los egipcios utilizaran tal denominación y no mencionasen en esas fuentes a los keftiu, citados en otros documentos más antiguos, los cuales serían para ellos los verdaderos cretenses, diferentes por tanto de los aqueos establecidos en Creta. En las fuentes bíblicas, en cambio, el término kaftorim que es tan semejante a keftiu hay que traducirlo como “procedentes de Creta” y no como “cretenses” en sentido estricto. La participación de los aqueos en la primera coalición de los Pueblos del Mar explica la presencia de cerámica monocroma micénica en los yacimientos arqueológicos excavados, así como algunos otros vestigios que sólo pueden relacionarse con la cultura material de la Grecia micénica, al no tener paralelos en Anatolia. Los ekwesh no fueron representados por los egipcios, pero podemos suponer que sus ropajes y armamento serían diferentes de los usados por los peleset, los cuales eran de estilo asiático.
En la segunda coalición de los Pueblos del Mar, que data de los tiempos de Ramsés III (ca. 1190 a C), no intervinieron los ekwesh pero sí lo hicieron los peleset o filisteos, quienes estaban sin embargo ausentes en la coalición de la época de Merneptah. También acompañaron a los peleset otros cuatro Pueblos del Mar, entre los que se encontraban los tjeker, identificables como los teucros o teukroi de la Tróade, y otro pueblo que merece nuestra atención: los llamados denyen. Éstos tienen un especto prácticamente idéntico, en los relieves egipcios de Medinet Habu, al de los peleset y los tjeker, ya que usaban los mismos cascos y faldellines. No se les puede identificar, por tanto, con los griegos micénicos (llamados dánaos o danaoi en unos cuantos pasajes de los poemas homéricos, y danaya en algunos registros egipcios) sino con otro pueblo que vivía al sureste de Anatolia y que en ciertas fuentes del siglo XIV a C se les denomina el pueblo de Danuna. Los denyen o danuna ocupaban los alrededores de la ciudad de Adana, en la Cilicia oriental, y quizás se extendiesen por alguna región colindante de Siria. Estos territorios se situaban bastante cerca de Chipre, lo que explica que justamente en esta isla se haya encontrado la figura de un guerrero de aspecto semejante a los denyen, los peleset y los tjeker, y bastante diferente, en cambio, a los aqueos representados en los frescos micénicos. No había, en definitiva, guerreros llegados desde Grecia o Creta en la segunda oleada de Pueblos del Mar, sino que todos ellos serían de procedencia anatólica o asiática, incluyendo algún grupo que tenía su origen en las costas próximas a Chipre.
M. Dothan planteó la hipótesis de que, antes del establecimiento de los peleset o filisteos en Canaán, se habrían asentado otros Pueblos del Mar en la zona. De este modo, los filisteos serían los fabricantes de la cerámica bicroma o los que ocuparon el nivel XIIIa del yacimiento de Asdod y el nivel VI de Ekrón, mientras que en los respectivos estratos XIIIb y VII, un poco más antiguos, se habrían establecido como conquistadores los hombres que fabricaban y usaban la cerámica monocroma de estilo micénico. Ambos grupos, pertenecientes a los Pueblos del Mar, llegaron a convivir en estas ciudades durante unos años para acabar formando una mezcla cultural en la que los filisteos debieron de acabar siendo el elemento étnico predominante, o bien el pueblo que impuso su nombre al conjunto. Con este modelo se explica perfectamente la diversidad que se produce en la cultura material de los yacimientos filisteos, en los cuales aparecen objetos de estilo micénico y otros muy similares a los chipriotas que podrían proceder, igualmente, de las regiones anatólicas que se localizan frente a esta isla.
Se pueden aportar varias pruebas de que la primera coalición de los Pueblos del Mar, la que data de los tiempos de Merneptah, no solamente trató de invadir Egipto sino que también conquistó unos cuantos territorios en Canaán. Se sabe que la antigua ciudad de Bet Pelet, que se corresponde con el yacimiento palestino de Tell el-Farah, fue atacada y destruida en una época anterior a la de Ramsés III por el hallazgo de dos fragmentos de cerámica en los que aparece el nombre del faraón Seti II y que pueden datarse, por tanto, entre los años 1214 y 1208 a C. Tell el-Farah fue reocupada después de su destrucción por un grupo de intrusos que fabricaba cerámica monocroma micénica y que utilizaba tumbas de cámara de estilo helénico como forma de enterramiento, en los que sin duda podemos reconocer a los ekwesh de las fuentes egipcias y a los kaftorim de las fuentes bíblicas. Estos mismos aqueos, acompañados de otros Pueblos del Mar procedentes de Anatolia occidental, habrían conquistado Asdod y Ekrón antes de la época de Ramsés III y también allí habrían fabricado localmente su característica cerámica de decoración monocroma. En Tell el-Farah se establecieron más tarde, al igual que en Asdod y Ekrón, los peleset que pertenecían a la segunda oleada de Pueblos del Mar, los cuales empezaron a fabricar la cerámica bicroma filistea, que imitaba la cerámica micénica de estilo elaborado, de modo que la nueva ciudad pervivió hasta mediados del siglo XI a C con el nombre de Bet Pelet, relacionado claramente con el de los filisteos.
Otra evidencia arqueológica se encuentra en la fortaleza egipcia de Tel Mor, próxima a Asdod, que también fue destruida antes de la época de Ramsés III, según M. Dothan y T. Dothan, así como la ciudad de Afek, cuya destrucción ha sido datada en 1230 a C por M. Artzy. Esta última arqueóloga ha trabajado en las excavaciones de Tel Nami, un yacimiento situado en la costa del Carmelo que resulta muy revelador. Sin duda los hombres que hicieron de Tel Nami un próspero puerto comercial en las últimas décadas del siglo XIII a C, antes de que reinase Ramsés III en Egipto, pertenecían a la coalición de Pueblos del Mar que estuvo encabezada por los ekwesh o aqueos. Como ya se explicó en el epígrafe anterior, allí se encontró cerámica micénica de estilo simple y otros objetos que debían de tener su origen en la Creta micénica, además de enterramientos de estilo anatólico que pertenecerían a los pueblos que acompañaron a los ekwesh, entre los que se encontraban los lukka originarios de Licia, por ejemplo. A diferencia de lo que ocurrió en Asdod y Ekrón, la ciudad de Tel Nami fue destruida a principios del siglo XII a C y su dominio de esa zona costera fue sustituido por el de la vecina ciudad de Tel Dor, ocupada seguramente por la segunda oleada de Pueblos del Mar. Por ello no se ha encontrado cerámica bicroma filistea en Tel Nami, mientras que en Tel Dor se han hallado algunos fragmentos de esta cerámica, datada en el siglo XII a C, y no se ha encontrado ningún fragmento de cerámica micénica fabricada localmente que corresponda a esa misma época.
Podemos concluir entonces que la denominaciones de kaftorim y keretim que encontramos en la Biblia tienen su origen en el establecimiento de aqueos o micénicos en diversas zonas de Palestina durante las últimas décadas del siglo XIII a C, ya que este pueblo ocupaba entonces la isla de Creta. Las denominaciones de pelistim y peletim, en cambio, proceden de los filisteos que se establecieron en las mismas zonas tres o cuatro décadas después y cuyo origen tenía que encontrarse en algún lugar de Anatolia. La mezcla étnica de estos pueblos que se produjo en Palestina explica que los hebreos también acabasen llamando a los filisteos kaftorim, además de pelistim, a pesar de que ellos no procedían realmente de Creta.
Queda sólo por explicar la denominación de anakim o “hijos de Anak” que igualmente se aplica a los filisteos en algunos pasajes de la Biblia. Creo que la solución a este problema se encuentra en otras fuentes más antiguas, que datan del III milenio a C. El rey Sargón de los acadios, poderoso pueblo semítico de Mesopotamia, fue un gran conquistador que llegó con su ejército hasta el litoral mediterráneo del norte de Siria. Allí debió de entrar en contacto con otros pueblos que tenían intereses comerciales en esa zona y que le ofrecerían valiosos obsequios para congraciarse con él. Por ello se cita en un documento acadio de esa época a “Anakku y Kaptara, los países (que están) más allá del mar superior”, como si también hubiesen sido conquistados por Sargón de Acad. El mar superior era para los acadios el Mediterráneo, puesto que el mar inferior era el océano Índico, y la isla de Kaptara no sería otra que Kaftor o Creta. En cuanto a Anakku, esta denominación significa “estaño” en acadio, de modo que el país de Anakku o del estaño ha podido ser identificado en una zona del sureste de Anatolia donde realmente se extraía estaño en el III milenio a C. Se trata de la actual región de Bolkardag y Kestel situada en los montes Taurus, al oeste de Cilicia. Se puede suponer que ese estaño se transportaba luego hasta la costa para ofrecerlo a cambio de otros productos, así que los acadios debían de llamar también país de Anakku al litoral de Anatolia que se encuentra frente a la isla de Chipre, entre las regiones de Cilicia y Panfilia.
Teniendo en cuenta que los hebreos hablaban una lengua semítica, como los acadios, y que el acadio fue además utilizado en el II milenio a C para las relaciones internacionales entre los países del Mediterráneo oriental, es perfectamente posible que los hebreos denominasen “hijos de Anak” o anakim a un pueblo que tenía su origen en la costas de Cilicia occidental y de Panfilia, es decir, en el antiguo “país del estaño”, y que ese pueblo fuese el mismo que el de los filisteos. Los peleset o filisteos habrían sido, por tanto, los vecinos occidentales de los denyen, otro Pueblo del Mar integrante de la coalición que fue derrotada por Ramsés III alrededor de 1190 a C. En base a otros argumentos diferentes, G. A. Wainwright ya había sugerido en 1961 que el origen de los filisteos debía de situarse en las fronteras occidentales de Cilicia.

Tanto los denyen como los peleset eran pueblos vasallos de los hititas, y por eso sufrieron las consecuencias de la caída de su imperio, de modo que una parte de estos pueblos habría decidido emigrar a Canaán. La crisis que se produjo entonces en Anatolia fue resumida por el especialista H. H. Nelson, que estudió las inscripciones y relieves de Medinet Habu, con estos términos:
“Alrededor de 1200 a C la corriente invasora desde Europa había pasado a través de Asia Menor, había destruído el imperio hitita, y se había extendido por la península. En toda esta agitación, elementos de las antiguas poblaciones fueron desalojados de sus asentamientos […] Los disturbios registrados en Siria en el año 8 (del reinado de Ramsés III) y probablemente los del año 5 habían sido causados, aparentemente, por un movimiento en masa desde Asia Menor en el que los pueblos de la parte meridional de la península, desalojados de sus hogares por los recién llegados de Europa, se habían desplazado hacia el sur no solamente en una invasión militar sino también en una comprensible migración, con sus familias y posesiones, para buscar un nuevo hogar en las provincias asiáticas de Egipto.”
Entre esos invasores procedentes de Europa, mencionados por Nelson, sin duda se encontraba la tribu balcánica que dio origen al poderoso reino de los frigios en Asia Menor, el cual sustituyó al dominio de los hititas en los inicios de la Edad de Hierro.
La formación del pueblo filisteo en Canaán comenzó por tanto, con la llegada a esta zona de un grupo bastante numeroso de aqueos coaligados con pueblos de Anatolia occidental, los cuales pretenderían obtener el control de una zona de gran interés comercial, y siguió unas décadas después con la migración de otra coalición de pueblos refugiados que procedían únicamente de Anatolia y eran víctimas del colapso del imperio hitita, entre los cuales se encontraban los filisteos llegados desde el sur de Anatolia, y otros grupos nuevos de Anatolia occidental. Todos estos pueblos sometieron a su dominio a los anteriores habitantes cananeos de Palestina y se mezclaron étnicamente entre ellos.

EL NOMBRE DE LOS FILISTEOS

Con frecuencia se ha relacionado el nombre de los filisteos con el de los pelasgos, que las fuentes clásicas señalaban como el pueblo más antiguo de Grecia, anterior por tanto al establecimiento de las tribus helénicas de origen indoeuropeo. Estas fuentes indican que los pelasgos habían sido los primitivos habitantes de las regiones griegas de Arcadia, Acaya, Argólide, Ática, Tesalia y Epiro, pero también los localizan en la península de Acte, situada en la costa tracia, así como en las islas de Lemnos y Lesbos y en algunas ciudades situadas en el noroeste de Asia Menor (llamadas Placia, Escílace, Cízico y Larissa). Por otra parte, las fuentes hititas mencionan una región llamada Pala o Palla, nombre bastante parecido al de los pelasgos, que se encontraba en el norte de Anatolia. Se puede suponer, por tanto, que el término pelasgos o pelasgoi se refiere a una población que habría ocupado Grecia y Asia Menor desde tiempos prehistóricos y se habría mezclado con las tribus indoeuropeas que llegaron a estas zonas entre el III y el II milenio a C.
Los atenienses, por ejemplo, se consideraban descendientes de los pelasgos, a quienes describían como un pueblo autóctono, y también de la tribu helénica de los jonios. Creían además que la antigua muralla de Atenas había sido construida por los pelasgos y por ello le aplicaban la denominación de pelasgikon o “pelásgica”, la cual admite también la forma pelastikon según el gramático Hesiquio. Esta variante resulta aún más similar a los términos pelistim y palaistinoi, por los cuales fueron conocidos los filisteos en las fuentes hebreas y griegas. En la costa del Epiro, uno de los territorios que habitaron los pelasgos, encontramos el antiguo puerto de Palaeste, citado por varios autores latinos. Hubo además un héroe mítico de Arcadia que se llamaba Pallas o Palante y era hijo de Licaón y nieto de Pelasgo, considerado el primer habitante de la región al haber sido engendrado por la madre tierra.
Algunos vocablos griegos que pueden estar relacionados con el nombre de los pelasgos son palaios (que significa “antiguo”), palaio (que significa “luchar”), pelagos (que significa “mar”) y pelas, término similar a philos (ya que ambos significan “amigo”).
La emigración a Italia de otros grupos pertenecientes a los Pueblos del Mar, ya sea como colonos o como comerciantes, explica que también encontremos entre los romanos el culto a la diosa Pales, protectora de los pastores, así como el nombre del monte Palatino o Pallanteum.
En definitiva, es muy factible que una tribu originaria del sur de Anatolia como la de los filisteos tuviese un nombre derivado del término “pelasgos”, el cual se refería claramente a la población más antigua de Asia Menor, así como a la de Grecia y otras zonas del Egeo.
Los antropónimos filisteos son a su vez de un gran interés para este estudio, ya que se pueden relacionar igualmente con las lenguas anatólicas y con el griego. En una inscripción del siglo X o IX a C encontrada en el yacimiento de Tell es-Safi, que se corresponde con la ciudad filistea de Gat, se documenta el nombre Walat, el cual ha sido identificado con el del bíblico Goliat y también con el nombre del rey lidio Aliates, que vivió alrededor del año 600 a C. En otra incripción del siglo VII a C, hallada en Ekrón, se menciona al filisteo Ikausu, cuyo nombre es similar al del rey Aquis que había dado refugio a David. Este antropónimo está claramente relacionado, además, con el nombre de los aqueos o akhaioi de Grecia, llamados ekwesh por los egipcios. En cuanto a Dalila, encontramos en su nombre el sufijo -ila/-ilo, que aparece en el antropónimo lidio Mirsilo, idéntico al del rey hitita Mursili, y en los griegos Trasilo o Pentilo. Por otra parte, la raíz Dal- quizás se corresponda con la que forma el nombre de la isla de Delos, situada en el Egeo, o bien con la raíz del nombre griego Thalía.
Entre los anakim citados en la Biblia, que sin duda constituían una parte del pueblo filisteo, el nombre de Arbé se asemeja bastante al de Arbelo, personaje de la mitología griega a quien se consideraba hijo de un legendario rey llamado Egipto, soberano del país del mismo nombre. Tolmai, nombre de un hijo de Anak y nieto de Arbé, es la forma hebrea del griego Ptolomeus o Tolomeo, ya que el nombre de Bartolomé se decía Bar-Tolmai (que significa hijo de Tolomeo) en la lengua hebrea; y el nombre de Ajuman, hermano de Tolmai, podría estar relacionado con el griego Akamas o Acamante, mientras que Sesai debe de ser un nombre de origen semítico que pudo haber sido adoptado por los filisteos.
La onomástica filistea constituye una prueba más, en definitiva, de que el pueblo filisteo es el resultado de la mezcla étnica entre un grupo invasor de origen helénico y otro de origen anatólico, los cuales también debieron de asimilar a un cierto número de cananeos, los anteriores habitantes de Palestina.

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