Monday, 8 November 2010

LA CRISIS DE 1200 a C (3)

HIJOS DE KAFTOR Y ANAK: EL ORIGEN DE LOS FILISTEOS

por Carlos J. Moreu

RESUMEN

Las migraciones que llevaron a cabo los llamados Pueblos del Mar a finales de la Edad de Bronce dieron origen al pueblo de los filisteos, quienes se establecieron en las zonas costeras de Canaán y por ello son citados con frecuencia en los relatos bíblicos del Antiguo Testamento. Los filisteos eran llamados pelistim por los hebreos, aunque también se indica en la Biblia que procedían de las tierras de Kaftor y de Anak, y por ello recibían igualmente las denominaciones de kaftorim y anakim. Kaftor se identifica claramente con la isla de Creta, que en esa época estaba bajo el dominio de los aqueos o micénicos de Grecia, y Anak con el país de Anakku o del “estaño”, situado en el sur de Anatolia. De acuerdo con las fuentes egipcias relativas a los Pueblos del Mar, hubo una primera oleada migratoria encabezada por los aqueos (llamados ekwesh por los egipcios y kaftorim por los hebreos) y una segunda oleada en la que participaron activamente los filisteos (llamados peleset por los egipcios) que son a su vez identificables con los anakim del sur de Anatolia. Ambos grupos de Pueblos del Mar lograron asentarse en Canaán y se mezclaron étnicamente para formar el pueblo filisteo.

LOS FILISTEOS EN LAS FUENTES BÍBLICAS

El antiguo pueblo de los filisteos es conocido principalmente por los textos bíblicos, que situaban su territorio en la franja costera de Palestina, al oeste de la región que ocupaban los hebreos en Canaán. El nombre de Palestina deriva precisamente de su nombre, pelistim en la forma hebrea y palaistinoi en griego.
Las cinco ciudades más importantes de los filisteos eran Gaza, Ascalón, Gat, Azoto y Acarón, si bien las dos últimas son conocidas por los arqueólogos como Asdod y Ekrón. Los textos del Antiguo Testamento presentan a este pueblo como una permanente amenaza para los hebreos, y aplican a los filisteos el calificativo de “incircuncisos”, lo cual indica que no eran una tribu semítica como los israelitas y otros pueblos cananeos por no practicar la circuncisión. También se señala en la Biblia que los filisteos no habían vivido siempre en Palestina, ya que procedían de unas tierras que los hebreos denominaban Kaftor y Anak. Así por ejemplo, el profeta Jeremías lanzó esta maldición contra ellos: “Es Yavé que destruye a los filisteos, a los retoños de la isla de Kaftor; Gaza se ha rasurado la cabeza, Ascalón está desgreñada, los retoños de Anak se hieren sin piedad.” (Jeremías 47, 4-5).
Así pues, los filisteos eran llamados “hijos de Kaftor” por sus vecinos hebreos, así como “hijos de Anak”, expresiones que en otros pasajes de la Biblia se corresponden con los términos kaftorim y anakim, usados alternativamente para referirse a los mismos pelistim o filisteos. En Deuteronomio 2, 23 se puede leer lo siguiente: “los hivim, que habitaban en cortijos hasta Gaza, fueron destruidos por los kaftorim que, salidos de Kaftor, se establecieron en su lugar”, y en Josué 11, 22 encontramos este otro texto: “No quedó ni uno de los anakim en todo el territorio de los hijos de Israel; sólo quedaron en Gaza, en Gat y en Azoto.” Los filisteos, por tanto, se habrían asentado en la costa de Palestina después de haberse enfrentado con la tribu cananea de los hivim o heveos, sus anteriores pobladores. Al parecer, también habían ocupado inicialmente algunas tierras en el interior, incluida la ciudad de Hebrón, pero fueron expulsados de esa zona por los israelitas que estaban bajo el mando de Josué, el sucesor del legendario Moisés. Otros pasajes bíblicos que se refieren a los anakim pueden encontrarse en Josué 14, 12-15 y en Josué 15, 13-14, mientras que en Génesis 10, 14 y Amós 9, 7 se dice nuevamente que los filisteos eran un pueblo de origen extranjero, descendiente de los kaftorim o procedente de Kaftor.
Ahora bien, existen otras dos denominaciones que se aplicaron en la Biblia a los filisteos. La primera de ellas es peletim, una simple variación del término pelistim, y la otra es keretim. Ambas se encuentran en Samuel II 15, 18, aunque el término keretim vuelve a aparecer en el siguiente texto de Sofonías 2, 4-5: “Gaza será abandonada y Ascalón asolada, Azoto saqueada en pleno día y Acarón extirpada. ¡Ay de los habitantes de la costa del mar, del pueblo de los keretim!”. El interés de esta última denominación radica en que los antiguos traductores griegos que elaboraron la llamada Septuaginta o “Biblia de la Setenta” interpretaron el nombre de los keretim como kretes o cretenses, de modo que la llamada isla de Kaftor no sería otra que la isla de Creta, situada al sur del mar Egeo. Esta identificación resulta correcta, ya que otras fuentes egipcias de la Edad de Bronce hacen referencia al pueblo de los keftiu, cuyo nombre es similar al de los kaftorim, y todo apunta a que esos keftiu eran ciertamente los cretenses. En una inscripción del antiguo templo del faraón Amenhotep III, por ejemplo, se menciona el país de los keftiu junto a otros cuatro nombres que sin duda se refieren a las localidades cretenses de Cnosos, Amnisos, Phaistos y Kydonia; y las representaciones de los embajadores keftiu que visitaron Egipto también coinciden con el aspecto y la indumentaria de los cretenses, tal como aparecen en los frescos del palacio de Cnosos.
Respecto al citado pasaje del libro II de Samuel, este texto se refiere a la época del rey David, datada normalmente alrededor del año 1000 a C, y en él se habla de un numeroso grupo de hombres que se había desplazado desde la ciudad filistea de Gat, el cual estaba formado por tres contingentes: el de los keretim, el de los peletim, y un tercero que estaba dirigido por un jefe llamado Itai, perteneciente a la tribu de los hittim. Estos hittim o hititas son mencionados también en Génesis 23, 2-3 en relación con la ciudad israelita de Hebrón, la misma que habría estado temporalmente ocupada por los anakim según los textos ya citados del libro de Josué. En el pasaje del Génesis, los hititas son llamados bene Het o hijos de Het, un pueblo que otros textos bíblicos localizan en Siria y son así identificables con los llamados “neohititas”, es decir con los descendientes del pueblo anatólico que, durante la Edad de Bronce, había controlado un vasto imperio con capital en la ciudad de Hattusa. Otro personaje de origen hitita citado en la Biblia fue Urías, un guerrero que estaba al servicio del rey David y cuya esposa Betsabé cometió adulterio con el monarca israelita. Estas referencias bíblicas apuntan, por tanto, a la presencia de un cierto número de hititas en Canaán, a principios de la Edad de Hierro, y permiten suponer que existía algún tipo de relación entre esos inmigrantes y el pueblo de los filisteos, de origen igualmente extranjero.
Como último dato que nos proporciona el Antiguo Testamento, es conveniente hacer una referencia a los pocos personajes filisteos que aparecen en los textos bíblicos con nombre propio. El primero de ellos es Goliat, el gigantesco guerrero que fue vencido por David en combate singular. A continuación tenemos a Dalila, la mujer que engañó a su amante, el israelita Sansón, entregándolo a los filisteos que pretendían capturarlo. Y finalmente tenemos a Aquis, rey filisteo de Gat, quien acogió en su ciudad a David cuando éste estaba enemistado con el rey Saúl de Israel. Por otra parte, se nombra entre los anakim de Hebrón a un tal Arbé, padre de Anak, y a los tres hijos de este último, llamados Sesai, Ajuman y Tolmai. Sabemos asimismo por la Biblia que los filisteos de Gaza rendían culto a Dagón, un dios que también era venerado en la costa de Siria.

LOS FILISTEOS EN LAS FUENTES CLÁSICAS

Los griegos y los romanos, que realizaron grandes viajes y conquistas, también conocieron a los filisteos. No obstante, las fuentes clásicas no aportan demasiada información sobre el origen de este pueblo.
En el siglo V o VI d C, Esteban de Bizancio escribió un compendio de topónimos en su obra titulada Ethnika, basándose en otros escritos más antiguos. Al referirse a Gaza, uno de los principales asentamientos filisteos, este autor indica que la ciudad fue también conocida como Minoa, nombre que habría recibido del legendario rey Minos de Creta. Añade Esteban de Bizancio que en Gaza o Minoa había un santuario dedicado al Zeus cretense, llamado Zeus Marnas o Zeus Cretágenes, que significa “nacido en Creta”.
En la Ethnika también hay una referencia a la ciudad filistea de Ascalón. Esteban de Bizancio cita, en este caso, una obra perdida que fue escrita en el siglo V a C por el historiador Janto de Lidia. De acuerdo con este último autor, Ascalón habría sido fundada por el lidio Ascalo, hijo de Himeneo y hermano de Tántalo. Janto relacionó además la ciudad de Ascalón con el culto a una diosa llamada Atargatis o Atergata que, al igual que Dagón, fue adorada en Siria.
Estas fuentes apuntan, por tanto, a un origen de los filisteos en la isla de Creta, coincidiendo con los textos bíblicos, pero también señalan un origen anatólico de este pueblo, lo cual nos proporciona una primera pista sobre la identidad del país de Anak que se menciona asimismo en la Biblia.

LOS FILISTEOS EN LAS FUENTES EGIPCIAS

Algunas inscripciones egipcias de la época del faraón Merneptah (finales del siglo XIII a C) y de Ramsés III (principios del siglo XII a C) mencionan a unos pueblos procedentes de “el mar” –traducción del término egipcio pa yam– los cuales trataron de invadir sus territorios en dos ocasiones diferentes. Otra denominación que utilizaron los egipcios para referirse colectivamente a estos pueblos fue haunebu, la cual se incluye en una de las inscripciones del templo funerario de Ramsés III. El significado más probable de haunebu es “los de más allá”, refiriéndose seguramente a quienes vivían en las costas del Mediterráneo oriental situadas al norte de Egipto, al otro lado del mar. Este último término fue usado por primera vez en los tiempos de la VI Dinastía, cuando se produjeron los primeros contactos comerciales entre los egipcios y otros pueblos del Egeo como los cretenses y los cicládicos, pero después se aplicó igualmente a los habitantes de Grecia y de las costas de Anatolia (la actual Turquía).
En los muros del templo funerario de Ramsés III, también conocido como templo de Medinet Habu, se han conservado relieves que representan a algunos Pueblos del Mar. Entre ellos destacan los filisteos, cuyo nombre en escritura jeroglífica egipcia suele interpretarse como peleset, aunque igualmente podría pronunciarse “pelisti”, muy similar entonces a la forma hebrea pelistim. De acuerdo con estas fuentes, los filisteos formaban parte de una coalición de cinco Pueblos del Mar que se enfrentó con el ejército de Ramsés III en el octavo año de su reinado (ca. 1190 a C), durante un periodo en el cual se produjo una gran agitación en el Mediterráneo oriental. Después de haber sido devastados diversos territorios de Anatolia, Chipre y el norte de Siria, que formaban parte del imperio hitita, los Pueblos del Mar se habían agrupado en un campamento establecido en la región siria de Amurru y se habían dirigido hacia Canaán y las fronteras de Egipto buscando nuevas tierras donde asentarse, desplazándose por tierra y por mar. Los que viajaban por tierra llevaban consigo a sus mujeres y niños, como si fueran refugiados, lo cual hace mucho más factible que fuesen las vícimas de las destrucciones producidas anteriormente en Anatolia, en vez de tratarse de los causantes. Según las inscripciones egipcias de Medinet Habu, los Pueblos del Mar llegados desde el norte fueron vencidos por los egipcios, si bien éstos permitieron que se estableciesen finalmente en Canaán como vasallos del faraón. Éste parece ser, por tanto, el origen de la presencia filistea en la región de Palestina, donde fueron posteriormente localizados por los hebreos.
En los relieves del templo de Ramsés III están representados los prisioneros capturados por los egipcios, pertenecientes a los Pueblos del Mar. No obstante, el ejército egipcio realizó otra campaña en Canaán, con el fin de restablecer su anterior dominio sobre el territorio vecino. En esta última campaña de Ramsés III, los egipcios debieron de capturar prisioneros hititas y sirios, además de los guerreros pertenecientes a los Pueblos del Mar. Uno de los relieves del templo representa, por ejemplo, a siete jefes arrodillados entre los que se encuentra un hitita, otro jefe amorita y un jefe de los peleset o filisteos. Si hubo entonces refugiados hititas que también emigraron a Siria y Canaán, tras la destrucción de su imperio, se podría explicar la referencia bíblica a unos hittim o hititas asociados a los filisteos de Gat.
Ahora bien, las fuentes egipcias también hacen referencia a un ataque anterior de los Pueblos del Mar a Egipto. En el quinto año del reinado de Merneptah (ca. 1230 a C) se había formado otra coalición de pueblos invasores que se unió a los libios, vecinos occidentales de los egipcios, para tratar de conquistar el Delta del Nilo. También entonces los atacantes extranjeros fueron rechazados por el ejército egipcio, aunque en aquella ocasión no se citó a los peleset o filisteos como pueblo integrante de la coalición. Por otra parte, en los tiempos del faraón Merneptah los Pueblos del Mar no debieron de desplazarse hasta Egipto como refugiados, tal como ocurrió en la época de Ramsés III, sino como simples agresores.
Los egipcios solían aplicar a los Pueblos del Mar el calificativo de “norteños”, lo cual vuelve a situar su origen, en general, en las tierras del mar Egeo y de la península de Anatolia que se hallan justamente al norte de Egipto, al otro lado del Mediterráneo. También asociaban los egipcios a estos navegantes con unas “islas en medio del mar”, las cuales son perfectamente reconocibles en las numerosas islas que se encuentran junto a Grecia y Asia Menor. Entre los nueve Pueblos del Mar que se nombran en las fuentes egipcias cabe destacar –además de los peleset– a los ekwesh y a los lukka, los cuales formaban parte de la coalición derrotada por el faraón Merneptah y son respectivamente identificables con los aqueos de Grecia y con los licios del suroeste de Anatolia. En la coalición que se enfrentó a Ramsés III, cuarenta años después, no participaron los ekwesh ni los lukka junto a los peleset, pero encontramos a otro pueblo cuyo origen anatólico resulta muy plausible: los tjeker o teucros, nombre por el que también fueron conocidos los troyanos del noroeste de Anatolia en las fuentes clásicas. Los tjeker son representados en los relieves de Medinet Habu con una indumentaria idéntica a la que usaban los peleset o filisteos.
En resumen, las fuentes egipcias también nos indican un origen del pueblo filisteo en la amplia zona que va desde del mar Egeo hasta las fronteras orientales de Anatolia, coincidiendo con las fuentes bíblicas y clásicas, pero no llegan a precisar con exactitud su tierra de procedencia.

LA CULTURA MATERIAL DE LOS PUEBLOS DEL MAR

Los vestigios de finales de la Edad de Bronce que han sido hallados en los yacimientos arqueológicos de Asdod, Ekrón y Ascalón revelan la cultura material de los antiguos filisteos, mostrando al mismo tiempo una gran variedad. Algunos objetos se relacionan claramente con la cultura micénica de Grecia y Creta, mientras que otros tienen paralelos en Chipre y Anatolia. No faltan, por otra parte, algunos materiales de estilo cananeo que seguramente pertenecían a la cultura de los pueblos previamente establecidos en la zona.
El estudio de los restos de cerámica desenterrados ha permitido identificar dos fases o periodos en la ocupación de la costa palestina por pueblos de origen extranjero. En la primera fase aparece una cerámica de estilo micénico que no llegó a través del comercio, como había ocurrido en épocas anteriores, sino que fue fabricada localmente con arcilla obtenida en la propia zona. Esta cerámica suele denominarse monocroma porque su decoración estaba pintada con un solo color oscuro. En una segunda fase, datada en el siglo XII a C, la cerámica pasó a ser bicroma, con la decoración en rojo y negro, y empezó ya a diferenciarse de la cerámica micénica que se fabricaba en el Egeo. La arqueóloga T. Dothan, que dirigió las excavaciones de Asdod y Ekrón, distingue a su vez dos estilos dentro de la cerámica monocroma derivada de la micénica: uno al que denomina “estilo simple” por la sencillez geométrica de su decoración, y otro al que llama “estilo elaborado” por estar decorada con unos motivos más figurativos. De acuerdo con esta especialista, la cerámica monocroma de estilo simple empezó a fabricarse en esas dos ciudades un poco antes que la cerámica monocroma de estilo elaborado, la cual llegó a coincidir en el tiempo con los primeros ejemplos de cerámica bicroma filistea. Esta última también estaba decorada con motivos pictóricos que solían representar aves y peces.
En la ciudad de Asdod o Azoto, el nivel XIV de ocupación fue destruido, y el nivel denominado XIIIb por los arqueólogos, un poco más reciente, contiene cerámica monocroma muy similar a la fabricada por los griegos micénicos, un estilo que lógicamente habría sido introducido por sus nuevos ocupantes. En el siguiente nivel XIIIa la cerámica monocroma se siguió utilizando junto a otras vasijas de cerámica bicroma, mientras que en el nivel o estrato XII de Asdod, una ciudad que fue ampliada por sus habitantes, ya sólo se ha encontrado la característica cerámica bicroma de los filisteos.
En Ekrón, también llamada Acarón, el estrato VIII acabó en una total destrucción y el siguiente nivel, el VII, fue ampliado por una población inmigrante que fabricaba cerámica monocroma de estilo simple, decorado con bandas horizontales y espirales. Posteriormente, aparece en el estrato VI otra cerámica monocroma de estilo elaborado, con decoración a base de peces y aves, y los ejemplos más antiguos de cerámica bicroma, que también presentan este tipo de decoración pictórica y algunos elementos nuevos.
Además de la cerámica monocroma, se han encontrado en los yacimientos filisteos otros objetos relacionados con la cultura micénica, como unas pesas que se usaban en los telares. En el yacimiento de Tell el-Farah, que se encuentra a unos 25 kms al sur de Gaza y que fue identificado con la antigua Bet Pelet, se encontraron cinco tumbas de cámara de estilo micénico. En cuanto a las estatuillas pintadas y a las habitaciones centrales con hogar, desenterradas en las principales ciudades filisteas, se han considerado asimismo pruebas de una presencia micénica, pero hay que decir que las primeras tienen también sus paralelos en Chipre y las segundas en Anatolia. Por otra parte, ciertas vasijas pertenecientes a la cerámica filistea, que son denominadas “botellas” por su especial forma, parecen tener su origen en Chipre, así como un tipo de vaso votivo hallado en Ekrón. En Asdod se encontró, además, un sello muy similar a otros ejemplos chipriotas.
Las representaciones de los guerreros filisteos, o peleset, en los relieves egipcios de Medinet Habu son también de un gran interés, ya que su aspecto apunta más a una procedencia asiática o anatólica que a un origen en la Grecia micénica. Los filisteos, al igual que otros guerreros de los Pueblos del Mar capturados por Ramsés III, se cubrían la cabeza con algo parecido a un casco, rematado con una corona de plumas o de cintas de cuero. El ejemplo más parecido a este tipo de casco se encuentra en la representación de un guerrero que adorna una caja de marfil hallada en Chipre, la cual es contemporánea de los relieves egipcios. Las espadas que usaban los filisteos también eran de origen asiático y bastante diferentes, por tanto, a las espadas micénicas de finales de la Edad de Bronce, tal como ha demostrado J. Vanschoonwinkel. Lo mismo puede decirse de los faldellines y coseletes que vestían y de los carros que utilizaban los guerreros que se desplazaron por tierra, los cuales eran de estilo hitita o anatólico y no de estilo micénico.
Además de la franja costera donde se localizan las cinco principales ciudades de los filisteos, hubo otros asentamientos un poco más al norte cuya ocupación también se atribuye a los Pueblos del Mar, en los cuales se ha encontrado cerámica filistea. En el área próxima al puerto de Jaffa, que ya existía en la Edad de Bronce, se sitúan los yacimientos de Azor y Tell Qasile, en cuyos cementerios se documenta una práctica funeraria, de origen anatólico, que usaba grandes vasijas llamadas pithoi para conservar los restos del difunto. En la necrópolis de Tell Qasile, que data del siglo XI a C, esos restos habían sido incinerados previamente, y este mismo rito se documenta en el cementerio troyano de Besiktepe, trescientos años más antiguo. En Azor también se ha encontrado alguna muestra de cremación fechada en el siglo XI a C, así como un tipo de inhumación en doble vasija (o doble pithos) que tiene sus antecedentes en varias zonas de Anatolia, incluido el yacimiento hitita de Alisar Huyuk, pero no se documenta en Grecia.
Aún más al norte, en la costa del Carmelo, se encuentra el yacimiento de Tel Dor, que fue ocupado en el siglo XII a C por uno de los Pueblos del Mar aliados de los filisteos. En Tel Dor se han encontrado algunos restos de cerámica bicroma filistea, pero la parte excavada que corresponde a aquella época es bastante reducida. El yacimiento más interesante en esta zona es Tel Nami, un enclave marítimo muy próximo a Tel Dor que floreció durante unas tres o cuatro décadas hasta ser destruido. En Tel Nami se ha encontrado cerámica micénica, fabricada en esa misma zona del Levante, así como enterramientos en grandes vasijas, práctica de origen anatolio que fue igualmente conocida en otras zonas del Egeo. También se han hallado en Tel Nami puntas de flecha de tipo micénico y unos cuencos de estilo minoico o cretense, pero allí no se ha encontrado, en cambio, cerámica bicroma filistea.
Como ya sabemos, en la Biblia se indica que los pelistim y los anakim no solamente ocuparon las regiones costeras de Canaán, sino también algunas zonas del interior, al menos durante cierto tiempo. Los hallazgos arqueológicos parecen confirmar igualmente este dato, ya que se han encontrado objetos pertenecientes a la cultura material de los filisteos en Bet Shean (la bíblica Betsán), Bet Shemesh y Tell es Sa’idiyeh. Este último yacimiento se encuentra en el valle del río Jordán y en él se encontraron más de 30 enterramientos en doble pithos, que datan del siglo XII a C, y otras inhumaciones asociadas que contenían restos de niños. Esto proporciona una evidencia del asentamiento en dicha zona de un grupo, más o menos reducido, de origen anatólico. Respecto a la relación de los anakim y de los “hijos de Het” con la ciudad de Hebrón, se ha encontrado cerámica filistea en Tell Beit Mirsim y en Tell Aitun, dos yacimientos bastante cercanos a Hebrón.
Por último hay que mencionar los sarcófagos antropoides hallados en Bet Shean y Tell el-Farah, cuya utilización se explica por la gran influencia cultural que debieron de ejercer los egipcios en Canaán antes y después del asentamiento de los filisteos.
Una vez conocidos todos estos datos arqueológicos, hay que relacionarlos con las fuentes escritas para poder desvelar el origen étnico de los filisteos.

LA FORMACIÓN DEL PUEBLO FILISTEO

Como ya sabemos, los registros egipcios de finales de la Edad de Bronce se refieren a dos coaliciones de Pueblos del Mar que amenazaron Egipto y Canaán en épocas diferentes, con un intervalo de unos 40 años.
La primera coalición actuó alrededor del año 1230 a C, durante el reinado del faraón Merneptah, y estaba formada por los llamados ekwesh y por otros cuatro pueblos que, con toda probabilidad, procedían de las costas anatólicas del mar Egeo. En aquella época la isla de Creta estaba bajo el dominio de los aqueos o micénicos, quienes la habían conquistado en el siglo XV a C, de modo que aquéllos que en la Biblia son llamados kaftorim y keretim, dos términos que significan “cretenses”, debían de ser unos aqueos llegados desde Creta y otras islas del Egeo, y coincidirían entonces con el pueblo que los egipcios llamaban justamente ekwesh o aqueos. Resulta significativo que los egipcios utilizaran tal denominación y no mencionasen en esas fuentes a los keftiu, citados en otros documentos más antiguos, los cuales serían para ellos los verdaderos cretenses, diferentes por tanto de los aqueos establecidos en Creta. En las fuentes bíblicas, en cambio, el término kaftorim que es tan semejante a keftiu hay que traducirlo como “procedentes de Creta” y no como “cretenses” en sentido estricto. La participación de los aqueos en la primera coalición de los Pueblos del Mar explica la presencia de cerámica monocroma micénica en los yacimientos arqueológicos excavados, así como algunos otros vestigios que sólo pueden relacionarse con la cultura material de la Grecia micénica, al no tener paralelos en Anatolia. Los ekwesh no fueron representados por los egipcios, pero podemos suponer que sus ropajes y armamento serían diferentes de los usados por los peleset, los cuales eran de estilo asiático.
En la segunda coalición de los Pueblos del Mar, que data de los tiempos de Ramsés III (ca. 1190 a C), no intervinieron los ekwesh pero sí lo hicieron los peleset o filisteos, quienes estaban sin embargo ausentes en la coalición de la época de Merneptah. También acompañaron a los peleset otros cuatro Pueblos del Mar, entre los que se encontraban los tjeker, identificables como los teucros o teukroi de la Tróade, y otro pueblo que merece nuestra atención: los llamados denyen. Éstos tienen un especto prácticamente idéntico, en los relieves egipcios de Medinet Habu, al de los peleset y los tjeker, ya que usaban los mismos cascos y faldellines. No se les puede identificar, por tanto, con los griegos micénicos (llamados dánaos o danaoi en unos cuantos pasajes de los poemas homéricos, y danaya en algunos registros egipcios) sino con otro pueblo que vivía al sureste de Anatolia y que en ciertas fuentes del siglo XIV a C se les denomina el pueblo de Danuna. Los denyen o danuna ocupaban los alrededores de la ciudad de Adana, en la Cilicia oriental, y quizás se extendiesen por alguna región colindante de Siria. Estos territorios se situaban bastante cerca de Chipre, lo que explica que justamente en esta isla se haya encontrado la figura de un guerrero de aspecto semejante a los denyen, los peleset y los tjeker, y bastante diferente, en cambio, a los aqueos representados en los frescos micénicos. No había, en definitiva, guerreros llegados desde Grecia o Creta en la segunda oleada de Pueblos del Mar, sino que todos ellos serían de procedencia anatólica o asiática, incluyendo algún grupo que tenía su origen en las costas próximas a Chipre.
M. Dothan planteó la hipótesis de que, antes del establecimiento de los peleset o filisteos en Canaán, se habrían asentado otros Pueblos del Mar en la zona. De este modo, los filisteos serían los fabricantes de la cerámica bicroma o los que ocuparon el nivel XIIIa del yacimiento de Asdod y el nivel VI de Ekrón, mientras que en los respectivos estratos XIIIb y VII, un poco más antiguos, se habrían establecido como conquistadores los hombres que fabricaban y usaban la cerámica monocroma de estilo micénico. Ambos grupos, pertenecientes a los Pueblos del Mar, llegaron a convivir en estas ciudades durante unos años para acabar formando una mezcla cultural en la que los filisteos debieron de acabar siendo el elemento étnico predominante, o bien el pueblo que impuso su nombre al conjunto. Con este modelo se explica perfectamente la diversidad que se produce en la cultura material de los yacimientos filisteos, en los cuales aparecen objetos de estilo micénico y otros muy similares a los chipriotas que podrían proceder, igualmente, de las regiones anatólicas que se localizan frente a esta isla.
Se pueden aportar varias pruebas de que la primera coalición de los Pueblos del Mar, la que data de los tiempos de Merneptah, no solamente trató de invadir Egipto sino que también conquistó unos cuantos territorios en Canaán. Se sabe que la antigua ciudad de Bet Pelet, que se corresponde con el yacimiento palestino de Tell el-Farah, fue atacada y destruida en una época anterior a la de Ramsés III por el hallazgo de dos fragmentos de cerámica en los que aparece el nombre del faraón Seti II y que pueden datarse, por tanto, entre los años 1214 y 1208 a C. Tell el-Farah fue reocupada después de su destrucción por un grupo de intrusos que fabricaba cerámica monocroma micénica y que utilizaba tumbas de cámara de estilo helénico como forma de enterramiento, en los que sin duda podemos reconocer a los ekwesh de las fuentes egipcias y a los kaftorim de las fuentes bíblicas. Estos mismos aqueos, acompañados de otros Pueblos del Mar procedentes de Anatolia occidental, habrían conquistado Asdod y Ekrón antes de la época de Ramsés III y también allí habrían fabricado localmente su característica cerámica de decoración monocroma. En Tell el-Farah se establecieron más tarde, al igual que en Asdod y Ekrón, los peleset que pertenecían a la segunda oleada de Pueblos del Mar, los cuales empezaron a fabricar la cerámica bicroma filistea, que imitaba la cerámica micénica de estilo elaborado, de modo que la nueva ciudad pervivió hasta mediados del siglo XI a C con el nombre de Bet Pelet, relacionado claramente con el de los filisteos.
Otra evidencia arqueológica se encuentra en la fortaleza egipcia de Tel Mor, próxima a Asdod, que también fue destruida antes de la época de Ramsés III, según M. Dothan y T. Dothan, así como la ciudad de Afek, cuya destrucción ha sido datada en 1230 a C por M. Artzy. Esta última arqueóloga ha trabajado en las excavaciones de Tel Nami, un yacimiento situado en la costa del Carmelo que resulta muy revelador. Sin duda los hombres que hicieron de Tel Nami un próspero puerto comercial en las últimas décadas del siglo XIII a C, antes de que reinase Ramsés III en Egipto, pertenecían a la coalición de Pueblos del Mar que estuvo encabezada por los ekwesh o aqueos. Como ya se explicó en el epígrafe anterior, allí se encontró cerámica micénica de estilo simple y otros objetos que debían de tener su origen en la Creta micénica, además de enterramientos de estilo anatólico que pertenecerían a los pueblos que acompañaron a los ekwesh, entre los que se encontraban los lukka originarios de Licia, por ejemplo. A diferencia de lo que ocurrió en Asdod y Ekrón, la ciudad de Tel Nami fue destruida a principios del siglo XII a C y su dominio de esa zona costera fue sustituido por el de la vecina ciudad de Tel Dor, ocupada seguramente por la segunda oleada de Pueblos del Mar. Por ello no se ha encontrado cerámica bicroma filistea en Tel Nami, mientras que en Tel Dor se han hallado algunos fragmentos de esta cerámica, datada en el siglo XII a C, y no se ha encontrado ningún fragmento de cerámica micénica fabricada localmente que corresponda a esa misma época.
Podemos concluir entonces que la denominaciones de kaftorim y keretim que encontramos en la Biblia tienen su origen en el establecimiento de aqueos o micénicos en diversas zonas de Palestina durante las últimas décadas del siglo XIII a C, ya que este pueblo ocupaba entonces la isla de Creta. Las denominaciones de pelistim y peletim, en cambio, proceden de los filisteos que se establecieron en las mismas zonas tres o cuatro décadas después y cuyo origen tenía que encontrarse en algún lugar de Anatolia. La mezcla étnica de estos pueblos que se produjo en Palestina explica que los hebreos también acabasen llamando a los filisteos kaftorim, además de pelistim, a pesar de que ellos no procedían realmente de Creta.
Queda sólo por explicar la denominación de anakim o “hijos de Anak” que igualmente se aplica a los filisteos en algunos pasajes de la Biblia. Creo que la solución a este problema se encuentra en otras fuentes más antiguas, que datan del III milenio a C. El rey Sargón de los acadios, poderoso pueblo semítico de Mesopotamia, fue un gran conquistador que llegó con su ejército hasta el litoral mediterráneo del norte de Siria. Allí debió de entrar en contacto con otros pueblos que tenían intereses comerciales en esa zona y que le ofrecerían valiosos obsequios para congraciarse con él. Por ello se cita en un documento acadio de esa época a “Anakku y Kaptara, los países (que están) más allá del mar superior”, como si también hubiesen sido conquistados por Sargón de Acad. El mar superior era para los acadios el Mediterráneo, puesto que el mar inferior era el océano Índico, y la isla de Kaptara no sería otra que Kaftor o Creta. En cuanto a Anakku, esta denominación significa “estaño” en acadio, de modo que el país de Anakku o del estaño ha podido ser identificado en una zona del sureste de Anatolia donde realmente se extraía estaño en el III milenio a C. Se trata de la actual región de Bolkardag y Kestel situada en los montes Taurus, al oeste de Cilicia. Se puede suponer que ese estaño se transportaba luego hasta la costa para ofrecerlo a cambio de otros productos, así que los acadios debían de llamar también país de Anakku al litoral de Anatolia que se encuentra frente a la isla de Chipre, entre las regiones de Cilicia y Panfilia.
Teniendo en cuenta que los hebreos hablaban una lengua semítica, como los acadios, y que el acadio fue además utilizado en el II milenio a C para las relaciones internacionales entre los países del Mediterráneo oriental, es perfectamente posible que los hebreos denominasen “hijos de Anak” o anakim a un pueblo que tenía su origen en la costas de Cilicia occidental y de Panfilia, es decir, en el antiguo “país del estaño”, y que ese pueblo fuese el mismo que el de los filisteos. Los peleset o filisteos habrían sido, por tanto, los vecinos occidentales de los denyen, otro Pueblo del Mar integrante de la coalición que fue derrotada por Ramsés III alrededor de 1190 a C. En base a otros argumentos diferentes, G. A. Wainwright ya había sugerido en 1961 que el origen de los filisteos debía de situarse en las fronteras occidentales de Cilicia.

Tanto los denyen como los peleset eran pueblos vasallos de los hititas, y por eso sufrieron las consecuencias de la caída de su imperio, de modo que una parte de estos pueblos habría decidido emigrar a Canaán. La crisis que se produjo entonces en Anatolia fue resumida por el especialista H. H. Nelson, que estudió las inscripciones y relieves de Medinet Habu, con estos términos:
“Alrededor de 1200 a C la corriente invasora desde Europa había pasado a través de Asia Menor, había destruído el imperio hitita, y se había extendido por la península. En toda esta agitación, elementos de las antiguas poblaciones fueron desalojados de sus asentamientos […] Los disturbios registrados en Siria en el año 8 (del reinado de Ramsés III) y probablemente los del año 5 habían sido causados, aparentemente, por un movimiento en masa desde Asia Menor en el que los pueblos de la parte meridional de la península, desalojados de sus hogares por los recién llegados de Europa, se habían desplazado hacia el sur no solamente en una invasión militar sino también en una comprensible migración, con sus familias y posesiones, para buscar un nuevo hogar en las provincias asiáticas de Egipto.”
Entre esos invasores procedentes de Europa, mencionados por Nelson, sin duda se encontraba la tribu balcánica que dio origen al poderoso reino de los frigios en Asia Menor, el cual sustituyó al dominio de los hititas en los inicios de la Edad de Hierro.
La formación del pueblo filisteo en Canaán comenzó por tanto, con la llegada a esta zona de un grupo bastante numeroso de aqueos coaligados con pueblos de Anatolia occidental, los cuales pretenderían obtener el control de una zona de gran interés comercial, y siguió unas décadas después con la migración de otra coalición de pueblos refugiados que procedían únicamente de Anatolia y eran víctimas del colapso del imperio hitita, entre los cuales se encontraban los filisteos llegados desde el sur de Anatolia, y otros grupos nuevos de Anatolia occidental. Todos estos pueblos sometieron a su dominio a los anteriores habitantes cananeos de Palestina y se mezclaron étnicamente entre ellos.

EL NOMBRE DE LOS FILISTEOS

Con frecuencia se ha relacionado el nombre de los filisteos con el de los pelasgos, que las fuentes clásicas señalaban como el pueblo más antiguo de Grecia, anterior por tanto al establecimiento de las tribus helénicas de origen indoeuropeo. Estas fuentes indican que los pelasgos habían sido los primitivos habitantes de las regiones griegas de Arcadia, Acaya, Argólide, Ática, Tesalia y Epiro, pero también los localizan en la península de Acte, situada en la costa tracia, así como en las islas de Lemnos y Lesbos y en algunas ciudades situadas en el noroeste de Asia Menor (llamadas Placia, Escílace, Cízico y Larissa). Por otra parte, las fuentes hititas mencionan una región llamada Pala o Palla, nombre bastante parecido al de los pelasgos, que se encontraba en el norte de Anatolia. Se puede suponer, por tanto, que el término pelasgos o pelasgoi se refiere a una población que habría ocupado Grecia y Asia Menor desde tiempos prehistóricos y se habría mezclado con las tribus indoeuropeas que llegaron a estas zonas entre el III y el II milenio a C.
Los atenienses, por ejemplo, se consideraban descendientes de los pelasgos, a quienes describían como un pueblo autóctono, y también de la tribu helénica de los jonios. Creían además que la antigua muralla de Atenas había sido construida por los pelasgos y por ello le aplicaban la denominación de pelasgikon o “pelásgica”, la cual admite también la forma pelastikon según el gramático Hesiquio. Esta variante resulta aún más similar a los términos pelistim y palaistinoi, por los cuales fueron conocidos los filisteos en las fuentes hebreas y griegas. En la costa del Epiro, uno de los territorios que habitaron los pelasgos, encontramos el antiguo puerto de Palaeste, citado por varios autores latinos. Hubo además un héroe mítico de Arcadia que se llamaba Pallas o Palante y era hijo de Licaón y nieto de Pelasgo, considerado el primer habitante de la región al haber sido engendrado por la madre tierra.
Algunos vocablos griegos que pueden estar relacionados con el nombre de los pelasgos son palaios (que significa “antiguo”), palaio (que significa “luchar”), pelagos (que significa “mar”) y pelas, término similar a philos (ya que ambos significan “amigo”).
La emigración a Italia de otros grupos pertenecientes a los Pueblos del Mar, ya sea como colonos o como comerciantes, explica que también encontremos entre los romanos el culto a la diosa Pales, protectora de los pastores, así como el nombre del monte Palatino o Pallanteum.
En definitiva, es muy factible que una tribu originaria del sur de Anatolia como la de los filisteos tuviese un nombre derivado del término “pelasgos”, el cual se refería claramente a la población más antigua de Asia Menor, así como a la de Grecia y otras zonas del Egeo.
Los antropónimos filisteos son a su vez de un gran interés para este estudio, ya que se pueden relacionar igualmente con las lenguas anatólicas y con el griego. En una inscripción del siglo X o IX a C encontrada en el yacimiento de Tell es-Safi, que se corresponde con la ciudad filistea de Gat, se documenta el nombre Walat, el cual ha sido identificado con el del bíblico Goliat y también con el nombre del rey lidio Aliates, que vivió alrededor del año 600 a C. En otra incripción del siglo VII a C, hallada en Ekrón, se menciona al filisteo Ikausu, cuyo nombre es similar al del rey Aquis que había dado refugio a David. Este antropónimo está claramente relacionado, además, con el nombre de los aqueos o akhaioi de Grecia, llamados ekwesh por los egipcios. En cuanto a Dalila, encontramos en su nombre el sufijo -ila/-ilo, que aparece en el antropónimo lidio Mirsilo, idéntico al del rey hitita Mursili, y en los griegos Trasilo o Pentilo. Por otra parte, la raíz Dal- quizás se corresponda con la que forma el nombre de la isla de Delos, situada en el Egeo, o bien con la raíz del nombre griego Thalía.
Entre los anakim citados en la Biblia, que sin duda constituían una parte del pueblo filisteo, el nombre de Arbé se asemeja bastante al de Arbelo, personaje de la mitología griega a quien se consideraba hijo de un legendario rey llamado Egipto, soberano del país del mismo nombre. Tolmai, nombre de un hijo de Anak y nieto de Arbé, es la forma hebrea del griego Ptolomeus o Tolomeo, ya que el nombre de Bartolomé se decía Bar-Tolmai (que significa hijo de Tolomeo) en la lengua hebrea; y el nombre de Ajuman, hermano de Tolmai, podría estar relacionado con el griego Akamas o Acamante, mientras que Sesai debe de ser un nombre de origen semítico que pudo haber sido adoptado por los filisteos.
La onomástica filistea constituye una prueba más, en definitiva, de que el pueblo filisteo es el resultado de la mezcla étnica entre un grupo invasor de origen helénico y otro de origen anatólico, los cuales también debieron de asimilar a un cierto número de cananeos, los anteriores habitantes de Palestina.

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Nota: El copyright del artículo “Hijos de Kaftor y Anak: El origen de los filisteos” pertenece a Carlos J. Moreu. El permiso para volver a publicar esta obra en forma impresa o en Internet ha de estar garantizado por el autor.

Tuesday, 4 May 2010

LA CRISIS DE 1200 a C (2)

LA CRISIS DEL MEDITERRÁNEO ORIENTAL Y EL ORIGEN DE LOS FRIGIOS

por Carlos J. Moreu


RESUMEN

Los antepasados balcánicos de los frigios –llamados bryges por Herodoto– se trasladaron a Asia Menor durante un periodo de crisis que se produjo al final de la Edad de Bronce. Los hallazgos arqueológicos indican que los proto-frigios habían mantenido contactos con los griegos micénicos en el área del golfo Termaico y que jugaron un importante papel en la crisis del Mediterráneo. Pequeños grupos pertenecientes a este pueblo se establecieron en el sur de Grecia, y un contingente más numeroso debió de aliarse con los micénicos alrededor de 1200 a C, con el fin de invadir varias regiones de Anatolia y Siria. Los proto-frigios usaban un característico estilo de cerámica hecha a mano, la cual ha sido encontrada no solamente en Asia Menor sino también en Grecia, Chipre y la costa siria.

INTRODUCCIÓN

Es bien sabido que los frigios ocuparon una gran parte de la meseta anatólica durante el inicio de la Edad de Hierro y que su poderoso reino tenía su base en Gordion.1 Esta región, sin embargo, fue dominada por los lidios en el siglo VII a C, y después fue sucesivamente absorbida por la expansión del imperio persa y por las conquistas de Alejandro Magno.
Ahora bien, la historia de ese floreciente periodo del reino frigio es prácticamente desconocida, porque las únicas fuentes contemporáneas son unas pocas referencias a este pueblo en los anales asirios y un grupo de inscripciones frigias que están datadas entre los siglos VIII y VII a C. Aparte de esta documentación, los textos clásicos griegos sobre los frigios fueron escritos en tiempos posteriores, y estaban generalmente basados en la tradición oral. No obstante, las excavaciones arqueológicas de las últimas décadas han mostrado la cultura material de los frigios. Se han encontrado vestigios de su presencia no solamente en el territorio de Frigia sino también en otras regiones de Asia Menor.
Los hallazgos arqueológicos proporcionan, además, algunas evidencias del asentamiento inicial de los frigios y confirman el origen balcánico de su migración. Así pues, la comparación de estos datos con las fuentes literarias indica que la invasión de la población proto-frigia estuvo estrechamente relacionada con la gran crisis que afectó el Mediterráneo oriental alrededor de 1200 a C, cuando muchos centros prósperos de la Edad del Bronce reciente fueron devastados. Este estudio interdisciplinar también revela una importante asociación entre los griegos micénicos y los antepasados europeos de los frigios, producida durante aquel convulso periodo.

LOS FRIGIOS EN LAS FUENTES CLÁSICAS

La primera referencia a los frigios se encuentra en la Ilíada, ya que Homero incluyó a este pueblo entre los aliados del rey Príamo en la legendaria Guerra de Troya. Este autor también indicó que los frigios ocupaban el valle del río Sangario unas décadas antes del conflicto. Sin embargo, el historiador lidio Janto creía que los frigios se habían trasladado de Europa a Asia Menor después de la caída de Troya, cuando el noroeste de Anatolia estaba gobernado por Escamandrio, un hijo de Héctor y sucesor de Príamo que –de acuerdo con ciertas versiones del mito– fue uno de los supervivientes troyanos. Janto afirmaba que los frigios llegaron desde la costa occidental del mar Negro, por lo que pudieron haber ocupado las regiones de Bitinia y del lago Ascania, donde pasarían a ser los vecinos orientales de los troyanos.2
Herodoto registró la tradición macedonia sobre los antepasados europeos de los frigios, cuya denominación original era bryges, explicando en otra parte de su obra que, en el siglo V a C, los bryges eran una tribu tracia que se enfrentó al ejército persa en Macedonia. Este autor localizó la patria del legendario rey Midas en el área del monte Bermion, no lejos de la región balcánica llamada Migdonia, y éste es también el nombre de un territorio asiático poblado por los frigios. Varios siglos después, Estrabón indicó que los phryges (o frigios) llegados a Anatolia eran el mismo pueblo que los bryges, quienes vivían en Tracia. También señaló el origen tracio de los migdones, bébrices, bitinios y mariandinos, así como el asentamiento de inmigrantes frigios en algunas zonas de la Tróade, después de la Guerra de Troya.3
Con respecto a los bryges, Apolonio de Rodas situó un grupo de este pueblo balcánico en la costa norte de Iliria, junto a las islas llamadas Brigeides, y Eugamón de Cirene relató una legendaria batalla entre los bryges y los tesprocios, una tribu helénica de Epiro que estaba comandada por el famoso héroe Odiseo.4 Así pues, los antepasados de los frigios pudieron haber ocupado una amplia zona que se extendía desde las costas del Egeo hasta el valle del Danubio. Es incluso posible que su etnónimo indoeuropeo –que puede significar “altos” o “prominentes”– fuera usado como una denominación común por las tribus tracias, macedonias e ilirias de la Edad del Bronce final, incluyendo a los migdones establecidos al norte de Calcidia.
Hay otro mito helénico, narrado por Diodoro Sículo, que recordaba una migración balcánica a Asia Menor. Ésta fue encabezada por un tracio llamado Mopso, quien había sido expulsado de su territorio por el rey Licurgo. Mopso y sus seguidores derrotaron a la legendaria Mirina, reina de las amazonas, y se apoderaron de sus tierras en Anatolia occidental. Es interesante que Mopso también fuese el nombre de dos adivinos míticos; uno de ellos fue un tesalio que tomó parte en la expedición de los argonautas, y el otro nació en la ciudad anatolia de Colofón. De acuerdo con la tradición griega, este último héroe también emigró al este en la época de la Guerra de Troya y fundó entonces algunas ciudades en Cilicia.5
La última leyenda que puede ser útil para este estudio es la de Tereo, otro caudillo tracio que había abandonado su patria. Tereo no se desplazó hasta Anatolia, pero se estableció en la región griega de Fócide y se casó con la hija de Pandión, rey de Atenas. La esposa de Demofón, un descendiente del monarca ateniense, también estaba relacionada con la población tracia, ya que era una princesa bisaltia llamada Filis.6

INTRUSOS DEL NORTE EN EL MUNDO EGEO

La evidencia arqueológica procedente de Yassihöyük, el antiguo asentamiento de Gordion, indica que esta ciudad anatolia fue abandonada alrededor de 1200 a C, en la época de la crisis del Mediterráneo oriental, y que sus nuevos habitantes llegaron unos 100 años después. Esta población ha sido identificada como los inmigrantes proto-frigios que ocuparon el estrato 7B. Su cerámica hecha a mano y bruñida es conocida como EIAH (Early Iron Age Handmade) por los arqueólogos, y es generalmente considerada de origen balcánico.7
Esta cerámica también ha sido relacionada con otras cerámicas “bárbaras” encontradas en Troya y en diversos lugares de Grecia central y meridional.8 La cerámica bruñida hecha a mano (Handmade Burnished Ware) de Troya, también llamada Coarse Ware, apareció en la fase VIIb1 (datada en el siglo XII a C), y la cerámica bruñida hecha a mano de Grecia fue utilizada en el mismo periodo, aunque hay algunos ejemplos procedentes de Tirinto cuya datación es un poco más temprana (siglo XIII a C). Además de Tirinto, el uso de esta cerámica está atestiguado en Micenas, Korakou, Asine, Pellana, Aigeira, Teichos Dymaion, la isla de Creta, Lefkandi, Atenas, Perati, Eleusis, Delphi, Kalapodhi y el Menelaion de Esparta. En todos esos centros, sin embargo, los hallazgos de HBW (Handmade Burnished Ware) no son numerosos y la cerámica micénica hecha a torno continuó siendo el estilo más habitual.9
En la región helénica de Epiro, la cual no estaba incluida en el mundo micénico, la cerámica era bastante similar a la cerámica hecha a mano que se ha encontrado en el centro y el sur de Grecia, aunque no estaba bruñida. Otros ejemplos de cerámica bruñida hecha a mano fueron usados en el sur de Italia, pero este hecho podría deberse a la posible llegada a esta región de algún pueblo balcánico desde la cercana costa de Iliria.10
Ahora bien, las pequeñas cantidades de HBW encontradas en Chipre son más interesantes para este estudio, ya que están claramente asociadas con la cerámica micénica utilizada por los expedicionarios marítimos asentados en Enkomi y en otras localidades chipriotas alrededor de 1200 a C. Así pues, parece que la cerámica hecha a mano que apareció en la Grecia micénica fue también introducida en la isla durante este periodo.11 Finalmente, los hallazgos más recientes de HBW son los de Tell Kazel en la costa siria.12
La mayoría de los investigadores cree que la HBW fue fabricada localmente en Grecia por pequeños grupos de inmigrantes balcánicos, quienes fueron asimilados durante el siglo XII a C.13 No obstante, algunos autores han rechazado la idea de un origen foráneo para esta cerámica, así como la existencia de intrusos del norte en los territorios micénicos. G. Walberg argumenta que las vasijas hechas a mano fueron usadas en Grecia en el periodo Heládico Medio y que unos pocos ejemplos de cerámica micénica también son bruñidos, pero no ha explicado el largo hiato de unos 400 años en los que esa tosca cerámica no fue fabricada por los micénicos. D. B. Small sigue algunas ideas sugeridas por G. Walberg y N. K. Sandars, y explica la aparición de la HBW como una consecuencia de la crisis socio-económica producida en la Grecia micénica desde mediados del siglo XIII a C. Small cree que el declive del sistema palacial favoreció la fabricación de esta cerámica por la población autóctona.14
Esta última hipótesis, sin embargo, sería más plausible si el estilo hecho a mano que se desarrolló en Grecia hubiese imitado la cerámica micénica, en lugar de una cerámica balcánica del norte. De hecho, los mejores paralelos se han encontrado en las vasijas hechas a mano que fueron utilizadas en Macedonia oriental y en Tracia occidental durante la Edad de Bronce reciente, si bien hay algunos rasgos que probablemente derivasen del estilo cerámico de Noua-Coslogeni, una cultura europea localizada en la desembocadura del Danubio.15 Es también significativo que el análisis petrográfico llevado a cabo en 21 fragmentos de HBW procedentes del Menelaion espartano muestra la presencia de “grog-tempering”, una técnica de manufactura no-micénica, en esas vasijas.16 Es más, el origen foráneo de la HBW está confirmado por la aparición de otras innovaciones culturales en Grecia durante el mismo periodo. La espada de empuñadura con rebordes (tipo IIa), que había sido creada en la zona del Danubio, fue usada en Micenas así como en Enkomi, una ciudad chipriota que fue ocupada por los micénicos, y un nuevo tipo de lanza fue igualmente introducido en el mundo egeo desde otras regiones de Europa.17
Se ha señalado que algunos de los hallazgos arqueológicos relacionados con los inmigrantes balcánicos aparecieron en ciudades micénicas que no sufrieron destrucciones durante aquel turbulento periodo, como Korakou y Asine.18 Puesto que los intrusos del norte no eran numerosos, no pueden ser considerados invasores o conquistadores. Por consiguiente, la presencia de estos extranjeros en Grecia es diferente a la de los proto-frigios en Gordion, quienes realmente se apoderaron de la ciudad anatolia.
A la luz de estos datos, los recién llegados a Grecia pueden ser identificados como mercenarios y trabajadores empleados por los micénicos, quienes finalmente se establecieron en las tierras helénicas. Ésta es una solución muy aceptable que fue propuesta por H. W. Catling y S. Deger-Jalkotzy.19 Pequeños grupos de inmigrantes balcánicos debieron de haber llevado sus propias armas de bronce a la Grecia micénica, donde continuaron fabricando y usando su característica cerámica. Los guerreros norteños probablemente tomaron parte en los conflictos internos producidos en el mundo micénico durante la segunda mitad del siglo XIII a C, apoyando a los ejércitos involucrados. De hecho, la primera aparición de la HBW ocurrió en Tirinto cuando la ciudad fue masivamente fortificada.20 Es posible que los griegos micénicos también reclutasen algunos mercenarios del norte de Grecia, junto a aquéllos que procedían de Tracia y Macedonia, pero este hecho no puede ser identificado con la progresión de los dorios, la tribu helénica que obtuvo el control del Peloponeso 100 años más tarde.21 Así pues, la llegada de estos pequeños grupos desde el norte, datada entre el siglo XIII y el XII a C, no está conectada con la legendaria invasión doria; pero puede ser identificada como el trasfondo histórico del mito griego de Tereo, el héroe tracio que se estableció en Fócide, teniendo en cuenta que ésta es una de las regiones helénicas donde se ha encontrado la cerámica hecha a mano.


MICÉNICOS Y PROTO-FRIGIOS

En la Edad de Bronce reciente, la cultura europea de los Campos de Urnas se expandió por el valle del Danubio y alcanzó la región tracia de los montes Ródopes. La incineración en urnas se hizo allí muy usual, tanto en tumbas planas como bajo túmulos de piedras, pero en algunas ocasiones los tracios no utilizaron urnas y practicaron la cremación in situ. La cerámica hecha en los Ródopes era similar a la del noroeste de Tracia, donde se han encontrado tumbas de inhumación y de incineración. La cultura oriental de Noua-Coslogeni también se extendió a los Balcanes alrededor de 1250 a C, y por ello el estilo cerámico de algunas vasijas bruñidas hechas a mano estaba relacionado con esa cultura. Sin embargo, la cerámica hecha a mano usada en Macedonia durante la Edad de Bronce reciente tenía su origen inmediato en los valles de los ríos Morava, Struma y Vardar; y la desembocadura del Vardar (el antiguo Axio) está situada en el golfo Termaico, entre Calcidia y el área del monte Bermion.22 Ésta fue precisamente la tierra originaria del pueblo proto-frigio, de acuerdo con la tradición griega.
Es bien sabido que las tierras altas del sureste de Europa eran ricas en estaño y cobre, y este hecho permitió el desarrollo de una avanzada metalurgia del bronce en los Balcanes. Desde el siglo XIV a C, los griegos micénicos visitaron el golfo Termaico, donde debieron de haber intercambiado mercancías con la población indígena. Los fragmentos de cerámica micénica IIIA y IIIB importada que se han encontrado en Assiros, un yacimiento situado al noroeste de Calcidia, han atestiguado esos contactos iniciales. Posteriormente la cerámica micénica fue fabricada localmente en esa zona, junto a la cerámica balcánica hecha a mano. Entre las localidades macedonias que produjeron objetos micénicos en el siglo XIII a C hay tres (Thermi Toumba, Gona y Perivolati) que han sido consideradas asentamientos micénicos permanentes, o al menos unas factorías comerciales micénicas. Ahora bien, el enclave de Kastanas también es relevante para este estudio. Estaba localizado en una pequeña isla en el río Axio, durante la Edad de Bronce, y los hallazgos arqueológicos incluyen un tipo micénico de casa y muchos ejemplos de cerámica micénica hecha a torno, los cuales están datados en los siglos XIII y XII a C. Esta cerámica coexistió con una cerámica local más abundante, pero sólo el 1% fue importado de Grecia.23
En base a esta evidencia arqueológica, se deduce que los griegos micénicos habían establecido relaciones amistosas con los habitantes de la antigua Migdonia y la desembocadura del río Axio. La presencia de mercaderes y colonos micénicos en la costa septentrional del Egeo debió de haber producido una gran influencia en la cultura balcánica. Así pues, es muy plausible que algunos guerreros y trabajadores proto-frigios fueran reclutados por los micénicos en el golfo Termaico y fuesen trasladados al sur de Grecia. La demanda de guerreros extranjeros, armados con sus propias armas de bronce, fue seguramente originada en la segunda mitad del siglo XIII a C, cuando las rutas comerciales orientales se volvieron inseguras y los reinos micénicos estaban probablemente envueltos en una guerra. Este conflicto, que causó algunas destrucciones en los principales centros helénicos, puede relacionarse con la legendaria enemistad entre los tebanos y los argivos, puesto que Tebas fue una de las ciudades atacadas durante aquel periodo.24 De acuerdo con la mitología griega, el asedio de Tebas tuvo lugar unas pocas décadas antes de la Guerra de Troya, así como la muerte de Hilo, un hijo de Heracles que había conducido su ejército desde el territorio tebano hasta el Peloponeso pero fue finalmente derrotado.25
La influencia cultural que los proto-frigios recibieron de los griegos micénicos puede estar representada en una inscripción frigia datada en el siglo VI a C. Este documento epigráfico fue hallado cerca de la localidad turca de Yazilikaya, en la misma zona ocupada por la llamada “Ciudad de Midas”. La inscripción dedica un monumento, que había sido tallado en la roca, a “Midai lavagetaei vanaktei”. Según el análisis realizado por F. De Graaf, el nombre real de Midas (o “Midai”) está acompañado en este texto por dos palabras (“lavagetaei” and “vanaktei”) que derivaban de los términos micénicos ra-wa-ke-ta (lawagetas) y wa-na-ka (wanax). En base a esta evidencia, M. Lejeune sugirió que los frigios pudieron haber imitado la organización política de los griegos “pre-homéricos”, y por ello habían adoptado esos antiguos términos que designaban las dos principales funciones de autoridad en la sociedad micénica.26
De este modo, los contactos entre la población proto-frigia y los griegos micénicos han sido evidenciados por diversos datos arqueológicos. La confirmación final, sin embargo, se puede encontrar en las tierras orientales que sufrieron las principales consecuencias de esta asociación.

LA CRISIS DEL MEDITERRÁNEO ORIENTAL

Los acontecimientos históricos que tuvieron lugar en el Próximo Oriente alrededor de 1200 a C provocaron el colapso del imperio hitita. El palacio real de Hattusa fue destruido al mismo tiempo que otros significativos enclaves de Anatolia y Siria. También es sabido que algunas tablillas hititas del siglo XIII a C se referían al pueblo de los ahhiyawa –generalmente identificado con los aqueos o micénicos– como un poderoso enemigo que venía del oeste. De acuerdo con otra tablilla de aquel periodo, los hititas habían obtenido el control de la isla de Chipre, un importante centro comercial que era muy rico en cobre.27 Así pues, el dominio hitita de Chipre debió de haber bloqueado el comercio micénico, ya que hubo una inusual escasez de cerámica micénica en esta isla durante las últimas décadas del siglo XIII a C. La reducción de importaciones micénicas también se produjo en las tierras asiáticas vecinas, y causó allí la aparición de un nuevo tipo de cerámica, el llamado “Estilo Rudo”, que era una imitación local del estilo micénico IIIB.28
En Grecia, el sistema palacial resultó probablemente afectado por esta situación. Como los principales reinos micénicos estaban envueltos en algunos conflictos armados en esa época, su demanda de metales y guerreros pudo haber incrementado los contactos micénicos en la costa de Macedonia. Es incluso posible que los mercenarios norteños viajasen hasta Grecia en los mismos barcos micénicos que visitaban su tierra.
No obstante, la ruta comercial micénica hacia el este fue restablecida al principio del siglo XII a C, después de la ocupación de Chipre por los griegos micénicos. Ellos eran, de hecho, los atacantes que destruyeron Enkomi y otras ciudades alrededor de 1200 a C. Las innovaciones culturales que aparecieron en las ciudades reconstruidas de Chipre procedían en su mayoría del Egeo, y los fragmentos de cerámica micénica IIIC:1 hallados en esos lugares son muy numerosos. Estas innovaciones incluyen algunos elementos arquitectónicos –como murallas ciclópeas, hogares y salas de baño– además de nuevos objetos de bronce de origen europeo, pesas de telar y estatuillas antropomórficas de terracota. La espada del tipo IIa de origen danubiano fue indudablemente usada por los invasores ya que un guerrero armado con una de esas espadas, de empuñadura con rebordes, fue enterrado en la ciudad conquistada de Enkomi. También usaba un tipo de grebas micénicas.29
Un cierto número de inmigrantes balcánicos pudo haberse asentado en Chipre junto a los griegos micénicos. Se encontraron pequeñas cantidades de vasijas bruñidas hechas a mano en Enkomi y otras colonias micénicas de Chipre, de modo que esta cerámica fue probablemente introducida por los aliados bárbaros de los micénicos. La HBW aparece en Maa-Palaeokastro, por ejemplo, una fortaleza de estilo egeo que fue construida en la costa occidental. No es factible que la presencia de esta cerámica en la isla fuese debida al comercio marítimo, porque una tosca vasija hecha a mano no sería apreciada en los mercados orientales.30
El final del dominio hitita sobre Chipre, que fue sustituido por la ocupación micénica de la isla, es un importante episodio de la gran crisis de 1200 a C, también conocida como la crisis de los “Pueblos del Mar”. Esta última expresión está basada en las inscripciones del templo egipcio de Medinet Habu, las cuales registraban los principales hechos históricos de la crisis, incluyendo el ataque a Chipre (llamada Alasa por los egipcios). Después del estudio epigráfico de estas inscripciones, H. H. Nelson concluyó en 1929 que la crisis del Mediterráneo oriental fue básicamente una cadena de conflictos y migraciones, las cuales tuvieron su origen en el sureste de Europa y en los territorios egeos. Él expuso su idea en el siguiente texto: “alrededor de 1200 a C la corriente invasora desde Europa había pasado a través de Asia Menor, había destruído el imperio hitita, y se había extendido por la península. En toda esta agitación, elementos de las antiguas poblaciones fueron desalojados de sus asentamientos; y si no fueron alcanzados por el avance de la oleada invasora, huyeron antes en busca de nuevos hogares. Muchos de estos norteños, tanto los recién llegados como los vencidos, estaban muy familiarizados con el mar.”31 De este modo, Nelson dedujo que los cinco Pueblos del Mar que se desplazaron a la frontera egipcia durante el reinado del faraón Ramsés III fueron los pueblos derrotados de Anatolia, expresando claramente su conclusión en este texto: “Los disturbios en Siria registrados en el año 8 y probablemente los del año 5 habían sido causados, aparentemente, por un movimiento en masa desde Asia Menor en el que los pueblos de la parte meridional de la península, desalojados de sus hogares por los recién llegados de Europa, se habían desplazado hacia el sur no solamente en una invasión militar sino también en una comprensible migración, con sus familias y posesiones, para buscar un nuevo hogar en las provincias asiáticas de Egipto.”32 Como es bien sabido, los filisteos que se asentaron en la costa meridional de Canaán, llamados peleset por los egipcios, estaban incluidos en la coalición formada por cinco Pueblos del Mar.33
N. K. Sandars también explicó la llegada de los Pueblos del Mar a Palestina como el final de una reacción en cadena. Ella sugirió que esos grupos se trasladaron desde Anatolia, Chipre y el norte de Siria porque habían sido hostigados por otras bandas que pocedían mayoritariamente del oeste. De hecho, los filisteos y sus aliados fueron representados en los relieves de Medinet Habu como refugiados que viajaban con sus mujeres y niños. La inscripción del segundo pilono indica que Kheta (el territorio hitita), Kode (Cilicia), Karkemis (una región siria), Arzawa (Anatolia occidental) y Alasa (Chipre) fueron atacadas y devastadas por “extranjeros” que tenían su patria en “islas” o zonas costeras.34
La evidencia arqueológica procedente de Siria muestra efectivamente que ese territorio fue invadido por los agresores europeos, al igual que la isla de Chipre. La ciudad costera de Ugarit fue destruida durante la crisis y nunca fue reedificada, pero la localidad ugarítica de Ras Ibn Hani fue ocupada por un grupo de recién llegados que usaba cerámica micénica IIIC:1.35 Otro ejemplo es Tell Kazel, un enclave localizado a 3,5 kms de la costa que ha sido identificado con la antigua Simyra o Sumur, el principal centro del reino sirio de Amurru; la cerámica bruñida hecha a mano apareció allí al principio del siglo XII a C.36 Los hallazgos más significativos, sin embargo, han sido obtenidos en Hamath, no lejos de la costa siria. Los cementerios de cremación de Hamath han revelado la llegada de un grupo de intrusos que están claramente relacionados con la cultura europea de los Campos de Urnas. Los arqueólogos que trabajaron en este yacimiento atribuyeron las tumbas de cremación a las migraciones que tuvieron lugar al final de la Edad de Bronce, ya que encontraron allí más de 1000 urnas de estilo europeo. La cultura material de los extranjeros también incluye espadas de empuñadura con rebordes y fíbulas de arco, las mismas innovaciones que fueron introducidas en Chipre en la fecha de la crisis.37 Así pues, el origen de estos inmigrantes puede situarse en los Balcanes, donde la cremación en urnas también fue practicada durante la Edad de Bronce final. Otro hallazgo excepcional es el barco micénico pintado en una de las urnas de Hamath,38 el cual confirma que los proto-frigios se coaligaron con los micénicos con el fin de invadir las tierras orientales, normalmente controladas por los hititas. No obstante, parece que la presencia de estos intrusos balcánicos no tuvo unas consecuencias tan permanentes en Hamath como en Gordion.
Con respecto a la península de Anatolia, la ciudad de Hattusa fue abandonada por sus habitantes alrededor de 1200 a C, pero el barrio de Büyükkaya, situado en el nordeste de la ciudad, fue ocupado inmediatamente por un grupo menos civilizado que venía de una región septentrional de Anatolia. Estos recién llegados pertenecían probablemente a la tribu de los kaska, cuya tierra de origen estaba situada entre el territorio hitita y el mar Negro. También es posible que los kaska, enemigos tradicionales de Hatti, invadiesen este país desde el norte una vez que el ejército hitita se hubiera debilitado por los ataques de los micénicos y los proto-frigios. Así y todo, los agresores balcánicos debieron haberse apoderado de algunas zonas del país hitita. De hecho, la nueva población de Hattusa se incrementó durante la Edad de Hierro inicial, y su cultura material se fue haciendo más parecida a la de los frigios.39
En la costa de Asia Menor, la ciudad cilicia de Tarso fue también atacada durante la crisis, y la cerámica micénica IIIC:1 fue usada en la siguiente fase de este enclave.40 Sin embargo, la única región costera de Anatolia en la que el registro arqueológico ha atestiguado una temprana presencia de inmigrantes balcánicos es la Tróade.

LA CAÍDA DE TROYA

La ciudad llamada Troya VIIa fue destruida por el fuego al principio del periodo micénico IIIC –que habitualmente se data en el 1200 a C– y sus atacantes debieron de haber sido los aqueos o micénicos, los mismos expedicionarios marítimos que, de acuerdo con la principal inscripción de Medinet Habu, no pudieron ser vencidos por los habitantes de Arzawa (Anatolia occidental) y otras tierras asiáticas.41
El final de Troya VIIa, que es comparable a la violenta destrucción de Enkomi por los griegos micénicos, seguramente dio origen al mito clásico de la Guerra de Troya. Como quedó registrado en esta antigua tradición, los aqueos no ocuparon la Tróade después de su victoria. Por otra parte, algunos héroes legendarios de la Guerra de Troya, como el arcadio Agapenor y Teucro de Salamina, se asentaron más tarde en Chipre, la isla que fue ocupada por los micénicos.42
La ciudad de Troya fue reconstruida y habitada por la población autóctona, quienes siguieron fabricando su típica cerámica (la llamada Anatolian Grey Ware y la Tan Ware). En esta nueva fase de la ciudad, Troya VIIb, también han sido descubiertos algunos ejemplos del estilo de cerámica micénica IIIC, pero la innovación más importante es el uso de cerámica bruñida hecha a mano. En la primera subfase VIIb1, datada en el siglo XII a C, la llamada Coarse Ware apareció en Troya, y un segundo estilo de cerámica bárbara, la Knobbed Ware, fue utilizada en la siguiente subfase VIIb2 junto con la Coarse Ware y las cerámicas troyanas.43 La mayoría de los estudiosos han asumido que esas vasijas hechas a mano fueron introducidas en la Tróade por un pueblo extranjero de origen balcánico, y que las cerámicas bárbaras de Troya estaban también relacionadas con la HBW encontrada en la Grecia micénica y con la cerámica EIAH usada en Gordion durante el siglo XI a C. Por ejemplo, J. B. Rutter señaló las afinidades estilísticas de la Coarse Ware con la HBW obtenida en la localidad argólica de Karakou, ambas inspiradas en prototipos tracios.44 Sin embargo, E. F. Bloedow ha rechazado las conclusiones de Rutter argumentando que la Coarse Ware encontrada en Troya podía tener un origen local, aunque él acepta la procedencia extranjera de la Knobbed Ware.45 Bloedow ha seguido el estudio inicial del arqueólogo C. W. Blegen, que probablemente está obsoleto. En cualquier caso, la presencia de cierta población balcánica en la Tróade, durante la Edad de Hierro inicial, no puede ser negada.46
Esta evidencia arqueológica confirma el fundamento histórico de las antiguas tradiciones que fueron recopiladas por Estrabón, relativas al asentamiento de los frigios en el noroeste de Anatolia después de la Guerra de Troya. Según el geógrafo griego, los europeos recién llegados habían ocupado la costa septentrional de la Tróade, desde la región de Cízico hasta Practio. Este autor también indicó la antigua presencia de tracios en la zona troyana de Abidos y el establecimiento de otra tribu tracia, los llamados treres, en un territorio cercano. Asimismo el historiador lidio Janto relató que Escamandrio de Troya, el nieto de Príamo, había recibido a los frigios en su país.47 Así pues, los inmigrantes balcánicos pudieron haber controlado el estrecho de los Dardanelos después del conflicto. Por otra parte, la Ilíada homérica indica que los frigios y los tracios se unieron al ejército troyano durante el legendario asedio, pero se trata probablemente de un anacronismo que pudo haber sido introducido en la tradición griega desde el siglo X a C, cuando los frigios debían de ser vistos como un significativo componente de la población de Anatolia occidental. Así y todo, el papel desempeñado por el pueblo proto-frigio en la destrucción de Troya VIIa no está claro. Si ellos no participaron directamente en el ataque, como mercenarios o aliados de los micénicos, probablemente aprovecharon la victoria helénica apoderándose de algunos territorios troyanos y misios.
Con respecto a los troyanos, también llamados teucros (o teukroi) por los autores clásicos, Herodoto mencionó a los descendientes de este pueblo, quienes seguían viviendo en la Tróade durante el siglo V a C y eran conocidos como teucros gergitas. Estrabón describió los lugares ocupados por los gergitas, y Jenofonte se refirió a una ciudad fortificada de la Tróade que era llamada Gergis.48 Sin embargo, las leyendas griegas relativas a la migración de refugiados troyanos parecen tener un cierto trasfondo histórico, puesto que el nombre de los tjeker, uno de los Pueblos del Mar registrados en las inscripciones de Medinet Habu, ha sido normalmente leído como teucros. La principal inscripción egipcia indica que un grupo de tjeker acompañó a esos Pueblos del Mar errantes que se desplazaron hacia el sur desde la tierra siria de Amurru, donde habían acampado previamente.49 Este acontecimiento puede relacionarse con el reciente hallazgo de Anatolian Grey Ware en el enclave amorita de Tell Kazel-Symira, una cerámica hecha a torno que fue introducida allí durante la crisis. El análisis químico indica que unas pocas vasijas de este estilo habían sido fabricadas en la Tróade pero, de acuerdo con la arqueóloga L. Badre, es posible que otros ejemplos fueran producidos localmente en Amurru.50

LA IDENTIDAD DE LOS MUSKI

Los anales del rey asirio Sargón II están datados en el siglo VIII a C y, de acuerdo con esta fuente, la tierra de Que (Cilicia) había sido sometida en esa época por el pueblo de los muski, cuyo rey se llamaba Mita. Posteriormente, Sargón II derrotó a Mita y restableció en las ciudades de Que su anterior status.51 Se asume generalmente que los muski eran el mismo pueblo que los frigios, ya que el nombre de Mita ha sido identificado con el de Midas. Los asirios debieron de haberse enfrentado con los muski en las regiones anatolias de Cilicia y Capadocia. De hecho, el nombre real de Midas está también registrado en la inscripción de Kilisehisar-Tyana,52 la cual está localizada entre esas dos tierras, y la ciudad capadocia de Cesarea (la moderna Kayseri) fue anteriormente conocida como Mazaca, una denominación que seguramente deriva del nombre de los muski. El pueblo de Mosoc, mencionado en la Biblia, puede ser igualmente relacionado con los muski y con los antiguos habitantes de Mazaca.53
No obstante, la primera referencia a los muski por los anales asirios apareció a finales del siglo XII a C, cuando el rey Tiglath-Pileser I combatió contra “20.000 musku con sus cinco reyes, quienes habían mantenido durante 50 años las tierras de Alzu y Purulumzu”.54 Estas regiones estaban situadas al norte de la frontera asiria. Los anales de Tiglath-Pileser también indican que los poderosos muski (o musku) habían invadido la tierra de Katmuhu en esa época, pero el rey asirio fue capaz de derrotarlos. Su victoria final es expresada en el siguiente texto: “Conquisté a los rebeldes e insumisos subaru. Impuse el pesado yugo de mi dominio sobre las tierras de Alzu y Purulumzu que habían abandonado (la práctica de pagar) el tributo y la tasa […]”.55 Los subaru eran la población indígena de Subartu, una región que se extendía entre Nisibis y el alto Tigris. Sin embargo, Tiglath-Pileser no se enfrentó solamente a los muski y a los subaru, durante el primer año de su reinado, sino también a una fuerza de “4.000 kasku y urumu, insumisas tropas de Hatti”, quienes “habían ocupado por la fuerza las ciudades de la tierra de Subartu”.56 A la luz de estos textos, parece que los kaska (o kasku) estaban asentados en la zona que anteriormente había sido el principal territorio hitita, y los muski habían ocupado otras regiones que también colindaban con los territorios asirios. El numeroso pueblo de los muski pudo haber sido una mezcla de varias tribus balcánicas, puesto que estaba gobernado por cinco reyes, y los llamados urumu eran posiblemente una banda de arameos que se unieron a los kaska.
K. Bartl ha estudiado una cultura material de la Edad de Hierro inicial que fue desarrollada en la zona del alto Éufrates y estaba caracterizada por una cerámica tosca, usualmente decorada con simples incisiones horizontales. Esta cerámica ha sido también hallada en otros lugares que se encuentran junto al lago Van, el lago Urmia y el río Araxes. Bartl ha atribuido el uso de esta cerámica con incisiones, la cual es bastante diferente de la EIAH descubierta en Gordion, a los muski citados en los anales asirios, y por ello ha rechazado la identificación de los muski con los proto-frigios.57 Es muy probable, sin embargo, que las tierras ocupadas por los muski desde 1165 a C, llamadas Alzu y Purulumzu, no estuvieran situadas en el área del alto Éufrates. De acuerdo con V. Haas, Alzu (o Alshe) estaba localizada en las proximidades del alto Tigris.58 De hecho, la zona estudiada por Bartl es la frontera oriental de la antigua Comagene. Esta región también se cita en los anales asirios como Katmuhu, por lo que era distinta a Alzu y Purulumzu. Según la narración de Tiglath-Pileser, la invasión de Katmuhu por los muski había fracasado, ya que fueron derrotados por el ejército asirio. Como el pueblo desconocido que usaba la cerámica con incisiones en el alto Éufrates también ocupó otros lugares en el área geográfica de Armenia, es posible que estuviera emparentado con los antecesores de la población de Urartu, o quizás sea identificable con los kaska. Por otra parte, la presencia de una cultura material de origen balcánico está realmente atestiguada en las localidades sirias de Hamath y Tell Kazel, lo cual prueba que el pueblo proto-frigio había llegado hasta esas lejanas tierras desde el oeste.
En el siglo V a C, Herodoto mencionó a otro pueblo conocido como los moschoi, quienes estaban asentados al sureste del mar Negro. Los moschoi eran probablemente descendientes de un grupo de muski que se desplazó hacia el norte durante la Edad de Hierro. Los vecinos de los moschoi, llamados mossynoikoi por Herodoto, debieron de haber sido una tribu estrechamente emparentada, ya que Jenofonte y Apolonio de Rodas usaron la única denominación de mossynoikoi para designar a los habitantes de la misma región póntica, pero ellos no hicieron referencia a los moschoi.59 Los edificios hechos de madera que habitaban los mossynoikoi eran llamados “mossynes” por Apolonio, y mossynoi fue también un nombre alternativo para este pueblo, el cual se puede encontrar en el periplo de Pseudo-Escílax. El geógrafo Estrabón se refirió a una tierra montañosa llamada Moschike que estaba situada entre Cólquide y Armenia, y este territorio está relacionado con la moderna región de Meskheti en el suroeste de Georgia. Entre los autores romanos, Plinio el Viejo citó a los moschi y a los moscheni, dos pueblos asentados junto al río Ciro en Armenia, así como a los mossyni, que son directamente identificables con los mossynoi o mossynoikoi.60 Todos estos descendientes de los muski pudieron haber evolucionado de un modo diferente a los frigios, sus parientes étnicos, ya que probablemente recibieron una influencia cultural de las tribus orientales de Anatolia.
R. D. Barnett conectó la migración de los muski hacia el este con la antigua leyenda de Mopso.61 De acuerdo con la tradición griega, Mopso era un adivino que vivió en la región lidia de Colofón. Su madre era la vidente tebana Manto y su padre era el rey Racio de Caria. En otras versiones del mito, era hijo de Apolo y Manto. Mopso se unió a otro adivino llamado Anfíloco, que había participado en el legendario asedio de Troya, y ambos se trasladaron con sus numerosos seguidores a las regiones orientales de Panfilia, Cilicia, Siria y la frontera de Fenicia. Mopso y Anfíloco fundaron las ciudades de Malo y Mopsuhestia en Cilicia.62 Sin embargo, el nombre de este héroe mítico también es recordado como Moxo, el fundador de Moxópolis, una ciudad situada entre Licia y el sur de Frigia que puede estar relacionada con el pueblo frigio de los moxianoi, cuyo nombre es bastante similar al término mossynoi.63 Aunque la patria de Mopso fue localizada en Lidia, su historia puede relacionarse con la del tracio Mopso, quien había emigrado a Anatolia occidental desde los Balcanes.64 También es posible que Mopso fuese un héroe epónimo del pueblo que invadió Asia Menor y el norte de Siria durante la crisis de 1200 a C, el cual era probablemente una coalición de los griegos micénicos y los muski proto-frigios. De hecho, se han encontrado unas cuantas tumbas micénicas en el suroeste de Anatolia, incluyendo el yacimiento de Colofón, y las tablillas hititas relativas a los ahhiyawa corroboran las presencia de micénicos en esta zona durante el siglo XIII a C.65
De acuerdo con el geógrafo griego Pausanias, el padre de Mopso era Racio el cretense, quien había colonizado la región de Colofón después de derrotar a sus pobladores carios. Como los seguidores helénicos de la legendaria Manto llegaron al mismo territorio, Racio se casó con la heroína tebana, y su hijo Mopso expulsó finalmente a los carios.66 Parece que este relato épico fue creado para explicar los componentes foráneos de la población de Anatolia occidental. El rey llamado Racio representa una primera presencia de colonos minoicos que está atestiguada, por ejemplo, en la ciudad caria de Mileto,67 y la llegada de Manto muestra los posteriores asentamientos micénicos. De este modo, el subsiguiente nacimiento de Mopso puede ser interpretado como la aparición de un tercer componente étnico al final de la Edad de Bronce, y la expulsión de los habitantes indígenas se puede relacionar con la migración de los Pueblos del Mar anatólicos a Palestina. Con respecto a Mopso el argonauta, este héroe helénico era también un adivino pero su origen estaba situado en la región tesalia del río Titaresio, no lejos de la patria del pueblo proto-frigio en Macedonia.68 Este Mopso era el hijo de Ampicos y Cloris y parece ser un alter ego de Mopso el tracio y de Mopso el colofonio, por lo que su biografía mítica puede expresar también la asociación de los norteños con los griegos micénicos.
M. Astour sugirió que Mopso pudo haber sido un antiguo dios de la profecía.69 Sin embargo, no puede descartarse que la existencia de un verdadero dirigente llamado Mopso diera origen a esas antiguas leyendas, ya que su nombre era usual en la Edad de Bronce reciente. La versión hitita de Mopso era Muksus, la cual aparece en una carta escrita por uno de los reyes hititas que se llamaba Arnuwanda, y otra persona fue registrada como Mo-qo-so en una tablilla micénica.70 En el siglo VIII a C, los reyes que gobernaban la tierra cilicia de Adana estaban orgullosos de ser los sucesores de Mopso. Dos inscripciones bilingües de ese periodo se refieren al citado reino como la “casa de Mopso” o la “descendencia de Mopso” (Muksas en la escritura jeroglífica luvita, y Mps en fenicio).71 Estas denominaciones se pueden conectar también con Mopsuhestia, la ciudad fundada por el mítico Mopso que estaba localizada al este de Adana, teniendo en cuenta que Mopsuhestia significa “Hogar de Mopso” en griego. A. M. Jasink ha identificado esta ciudad con la antigua Pahri (la cual fue atacada por el rey Salmanasar III en 837 a C) basándose en la identificación del topónimo Pahri con Pagrika, el nombre clásico helénico de un monte localizado en la zona de Mopsuhestia. Esta investigadora ha señalado que la inscripción de Karatepe, uno de los textos bilingües encontrados en Cilicia, menciona “los graneros de Pahar”.72 En dicha inscripción, el territorio gobernado por los descendientes de Mopso es también denominado la llanura de Adana, un lugar que fue citado en algunas fuentes hititas anteriores como Adaniya.73
En base a esta evidencia epigráfica, se deduce que los invasores europeos que se habían asentado en la región cilicia de Adana y del río Píramo fueron finalmente asimilados por la población indígena, la cual continuó hablando la lengua luvita. Sin embargo, los extranjeros probablemente establecieron allí una nueva dinastía cuya tradicional denominación, la Casa de Mopso (o Muksas), podía haber derivado del nombre de una figura histórica o bien de una antigua deidad.74 Es incluso posible que los términos muski y moschoi se basen en el nombre de Muksas, debido a una metátesis lingüística, al igual que mossynoi y moxianoi están relacionados con Moxo. Así pues, el componente helénico de aquella invasión estaba propiamente representado en las leyendas tradicionales por los seguidores del héroe argivo Anfíloco, quien acompañó a Mopso.
Con respecto a los datos arqueológicos, más de 800 fragmentos de cerámica micénica IIIC fueron encontrados en la ciudad cilicia de Tarso, próxima a Adana. Esta cerámica es muy similar a la cerámica micénica producida en Chipre durante el siglo XII a C.75 Aunque la presencia de inmigrantes balcánicos sólo ha sido atestiguada en Siria y Chipre, hasta el momento, este pueblo pudo haber invadido el sur de Anatolia junto a los micénicos y haberse extendido después por Siria, el sur de Capadocia y el alto Tigris. La participación de los proto-frigios en la conquista de Cilicia explicaría que, a finales del siglo VIII a C, el rey Mita o Midas intentase recuperar el control de este territorio.
Volviendo a la inscripción de Karatepe, los habitantes de Adana son llamados adanawani en lengua luvita y dnnym en el correspondiente texto fenicio. Otras fuentes del siglo XIV y XIII a C se refieren a la misma zona como la tierra de Danuna.76 Esta denominación parece ser semítica y fue probablemente originada en la tierra colindante de Siria. Los llamados denyen eran uno de los cinco Pueblos del Mar derrotados por el ejército de Ramsés III, según las fuentes egipcias, y son también identificables con el pueblo de Adana o Danuna.77 La panoplia de los guerreros denyen, representados en los relieves de Medinet Habu, es semejante a la de los tjeker y los peleset, lo cual indica que estos tres pueblos tenían su patria originaria en las costas de Anatolia. Así pues, una parte de los antiguos habitantes de Cilicia también emigró a Canaán, junto con los refugiados filisteos y teucros.
No obstante, los aqueos o micénicos eran usualmente llamados danaoi en los poemas homéricos, y está denominación está registrada en una inscripción egipcia del siglo XIV a C que se refería a la Grecia micénica como Danaya o Tanaya.78 Es evidente que el nombre étnico de los denyen de Cilicia y el nombre de Danaya son prácticamente idénticos, pero este hecho puede ser debido a una influencia cultural que se extendió a través del Mediterráneo oriental. El término semítico dan significa juez y el canaaneo adon significa señor,79 por lo que un nombre derivado pudo haber sido adoptado por las élites micénicas que dominaron el Egeo desde el siglo XV a C. Es más, la tradición griega recuerda al héroe epónimo Dánao, un legendario predecesor de los danaoi que estaba relacionado de algún modo con los antiguos hicsos, gobernantes asiáticos de Egipto. De acuerdo con este mito, Dánao era hijo de Belo –cuyo nombre deriva del semítico Bel o Baal– y fundó una dinastía real en Argos, el país donde obtuvo refugio.80
Por consiguiente, el pueblo llamado denyen por los egipcios no correspondía a los habitantes helénicos de Danaya, ya que su patria estaba realmente situada en Cilicia, y el origen de la conexión lingüística entre esos nombres debe de ser anterior a la presencia micénica en Tarso, la cual está datada en el siglo XII a C.


CONCLUSIONES

Los antepasados balcánicos de los frigios (llamados bryges por los autores griegos) jugaron un importante papel en la crisis de las civilizaciones del Próximo Oriente, la cual se produjo al final de la Edad de Bronce. Este pueblo había establecido contactos comerciales con los griegos micénicos en el área del golfo Termaico pero su participación en los principales hechos históricos se inició en la segunda mitad del siglo XIII a C, cuando los micénicos estaban envueltos en algunos conflictos internos. Los disturbios en Grecia probablemente causaron el reclutamiento de mercenarios y trabajadores en el norte del Egeo.
Unas pocas décadas después, sin embargo, esta asociación tuvo una consecuencia más importante, ya que los proto-frigios debieron de haberse coaligado con los micénicos para invadir la península de Anatolia, Chipre y Siria, tres regiones que estaban integradas en el imperio hitita. La victoria de los pueblos europeos en esta campaña produjo el restablecimiento de las rutas comerciales micénicas en la primera mitad del siglo XII a C, y el masivo desplazamiento de tribus balcánicas hacia el este fue el origen del dominio frigio en Asia Menor. Los hallazgos arqueológicos en Hamath, Tell Kazel, Chipre, Cilicia y Troya muestran la llegada de los invasores europeos, aunque los proto-frigios que se asentaron en la zona del río Sangario no poblaron la ciudad de Gordion hasta 1100 a C. Esta gran invasión fue la razón por la que una oleada de refugiados anatólicos, incluyendo a los llamados denyen de Cilicia, buscaron nuevos hogares en Canaán y tuvieron que luchar contra los egipcios en el último periodo de la crisis.
Los inmigrantes balcánicos que llegaron al este de Anatolia fueron conocidos como los muski, el mismo nombre que usaron posteriormente los asirios para designar a los frigios. Otros descendientes de los muski fueron llamados moschoi, moschi, moscheni y mossyni por los autores clásicos, pero estas tribus debieron de haber vivido apartadas de sus parientes frigios durante el inicio de la Edad de Hierro. Por otra parte, aquellos invasores que habían ocupado la costa meridional de Anatolia fueron probablemente asimilados por la población indígena.
No obstante, la asociación entre los micénicos y los proto-frigios produjo una consecuencia adicional en Grecia, donde el asentamiento de algunos grupos balcánicos está también atestiguado en los contextos arqueológicos del siglo XII a C. En este caso, los intrusos extranjeros no eran numerosos y no llegaron como invasores, ya que su presencia debió de haber sido aceptada por los griegos micénicos.



NOTAS

1 Voigt 2005, 27-31; Sams 2005, 18-21.
2 Homero: Ilíada II-III; Janto, citado por Estrabón XIV, 5, 29.
3 Herodoto VI, 45; VII, 73; VIII, 138; Estrabón VII, 3, 2; XII, 3, 20; XIII, 1, 8.
4 Apolonio de Rodas IV, 329-330, 468-471; Eugamón de Cirene, citado por Proclo: Epicorum Graecorum Fragmenta 57 ss.
5 Diodoro Sículo III, 55, 10-11; Apollonio de Rodas I, 66-67; Estrabón XIV, 1, 27; XIV, 4, 3; XIV, 5, 16.
6 Pausanias I, 41, 8; Estrabón IX, 3, 13; Apolodoro: Epitome VI, 16.
7 Voigt y Henrickson 2000, 332-333, 341-342; Voigt 2005, 29.
8 De Vries 1990, 371-373.
9 Rutter 1975, 23-24; Harding 1984, 216-217; Bloedow 1985, 161-162, nota 1.
10 Wardle 1977, 176 ss.; Deger-Jalkotzy 1977, 50; Kilian 1978, 312-320. Se cree que los mesapios, una tribu que vivía en el sur de Italia durante la Edad de Hierro, hablaban una lengua iliria.

11 Pilides 1992, 182-183; Pilides 1994, 10 ss.
12 Badre 2006, 82-87, figs. 14, 16, 19.
13 Rutter 1975, 31; Deger-Jalkotzy 1983, 161 ss.; Bankoff y Winter 1984, 6-10; Katintcharov 1989, 85; De Vries 1990, 371-373; Bankoff, Meyer y Stefanovich 1996, 201.
14 Walberg 1976, 186-187; Sandars 1978, 191-193; Small 1990, 9-20; Small 1997, 223-227.
15 Bankoff y Winter 1984, 10-21. Estos autores explican que el estilo cerámico del valle del Morava se desarrolló localmente desde el inicio del segundo milenio a C. Véase también Bankoff, Meyer y Stefanovich 1996, 193-194, y Rutter 1975, 31-32.
16 Whitbread 1992, 297-306.
17 Cowen 1966, 262 ss.; Sandars 1978, 90-95, 98-99; Harding 1984, 138-140; Karageorghis 2000, 260.
18 Rutter 1975, 20-31; Sandars 1978, 191-192.
19 Catling 1968, 103; Deger-Jalkotzy 1977, 75. Véase también Bankoff, Meyer y Stefanovich 1996, 201-203; estos autores han sugerido que los extranjeros pudieron haber sido esclavos.
20 Kilian y Podzuweit 1981, 170, 180-181; Small 1990, 5, 18.
21 Drews 1988, 207 ss.
22 Gergova 1989, 231-235; Sandars 1978, 84-88, 191-193; Bankoff y Winter 1984, 6, 19-21; Bankoff, Meyer y Stefanovich 1996, 194, 200.
23 Hoddinott 1989, 64; Smit 1989, 176-179; Harding 1984, 237-238, fig. 54.
24 Stubbings 1975, 166-169, 352.
25 Véase una recopilación de estos mitos helénicos en Graves 1990, 2: 15-24, 208.
26 De Graaf 1989, 153, 155; Lejeune 1969.
27 Güterbock 1967, 73-81; Güterbock 1983, 133-138.
28 Aström 1973, 122-127; Mellink 1983, 141; Badre 2006, 82; Karageorghis 1965, 231-233.
29 Karageorghis 2000, 256-274; Catling 1955, 21 ss. La tumba del guerrero extranjero fue hallada en el edificio 18 de Enkomi.
30 Pilides 1992, 179-189. Este autor ha deducido que un grupo especial de población entre los micénicos usaba en la cerámica hecha a mano en Chipre. Véase también Karageorghis 2000, 256-257.
31 Nelson y Hoelscher 1929, 3.
32 Nelson y Hoelscher 1929, 4. Ciertamente la principal inscripción de Medinet Habu puede ser interpretada de este modo, pero algunos de los Pueblos del Mar derrotados tenían probablemente su patria en el oeste de Anatolia y otros en el sur de Anatolia. Véase Moreu 2003, 112-113.
33 Wainwright 1961, 77-80. Este autor situó el origen de los filisteos en una región meridional de Asia Menor.
34 Sandars 1978, 201; Wilson 1969, 262-263; Breasted 1988, 4: 37-38.
35 Yon 1992, 117-119; Lagarce y Lagarce 1988, 143.
36 Badre 2006, 82-87.
37 Riis 1948, 37 ss.; Wachsmann 2000, 123.
38 Wachsmann 2000, 123, 133. Este autor argumenta que el estilo del barco pintado de Hamath es micénico, basándose en su galería abierta de remeros con puntales verticales.
39 Glatz y Matthews 2005, 57-58. Véase también www.hattuscha.de/English/
cityhistory2.htm.
40 French 1975, 55-56, 74, nota 5; Sandars 1978, 155. Véase también Stubbings 1975, 355-356.
41 Wilson 1969, 262-263; Moreu 2003, 113, 122. Sobre la fecha de esta destrucción, véase Mountjoy 1998, 46, 53.
42 Estos mitos helénicos están compilados en Graves 1990, 2: 324, 330-346, 351.
43 Blegen 1963, 165-170; Hertel 2001, 65-80; Mountjoy 1999, 297-321.
44 De Vries 1990, 371-373; Rutter 1975, 23-24, 32; Mountjoy 1998, 53. Esta última autora considera que la Coarse Ware de Troya y la Handmade Burnished Ware hallada en Grecia son el mismo estilo cerámico.
45 Bloedow 1985, 180, 186-187.
46 Blegen 1963, 167-170; Sandars 1978, 192-193; Koppenhoefer 1997, 295 ss.; Hertel 2001, 65-75.
47 Estrabón XIII, 1, 8; Janto, citado por Estrabón XIV, 5, 29. Escamandrio era también llamado Astianax, un nombre que significa “señor de la ciudad”.
48 Herodoto V, 122; VII, 43; Estrabón XIII, 1, 19; Jenofonte: Hellenica III, 1, 15-21.
49 Wilson 1969, 262-263.
50 Badre 2006, 87, fig. 17. Pequeñas cantidades de Anatolian Grey Ware, datadas en la Edad de Bronce reciente, han sido también encontradas en otras localidades levantinas y en Chipre; véase Allen 1994, 40-42.
51 Luckenbill 1968, 2: 7-8; Vassileva 2008, 165-168.
52 Barnett 1975b, 420, 425, 434; Bittel 1970, 135-136; Vassileva 2008, 167.
53 Génesis 10, 2; Eusebio: Historia Ecclesiastica IX, 12. Véase también Barnett 1975b, 421.
54 Grayson 1991, 14. Véase también Luckenbill 1968, 1: 74.
55 Grayson 1991, 17. Véase también Luckenbill 1968, 1: 77.
56 Grayson 1991, 17. Véase también Luckenbill 1968, 1: 77.
57 Bartl 1995, 205-208.
58 Haas 1986, 22. Véase también Bartl 1995, nota 4.
59 Herodoto VII, 78; Jenofonte: Anabasis V, 4; V, 5, 1-2; Apolonio de Rodas II, 378-382, 1000-1030.
60 Pseudo-Escílax, 86-87; Estrabón XI, 2, 18; Plinio el Viejo VI, 11, 28-29.
61 Barnett 1975b, 441-442.
62 Estrabón XIV, 1, 27; XIV, 5, 16; Calino de Éfeso, citado por Estrabón XIV, 4, 3; Pausanias VII, 3, 1-2.
63 Barnett 1975a, 366; Astour 1965, 56-57. Los nombres Moxeanon y Moxea, relacionados con los moxianoi, están escritos en monedas de Diocleia y Siocharax en Frigia occidental (véase Head 1906, láminas XXII.7 y XLIV.9) y las montañas llamadas Mossyna estaban localizadas en el suroeste de Frigia, de acuerdo con Ramsay 2004, 3.
64 Diodoro Sículo III, 55, 10-11.
65 Bridges 1974, 264-266; Güterbock 1983, 133-138.
66 Pausanias VII, 3, 1-2.
67 Niemeier 1984, 205-215.
68 Apolonio de Rodas I, 66-67.
69 Astour 1965, 64-65.
70 La carta hitita es el documento KUB XIV 1 + KBo XIX 38, también identificado como CTH 147. La tablilla micénica es la KN X 1497.
71 Ver el texto de la inscripción de Karatepe (traducido por F. Rosenthal) en Pritchard (ed.) 1969, 653-654, y el texto de la inscripción de Çineköy en Tekoglu y Lemaire, 2000. Los términos fenicios usados en estas inscripciones son BT MPS (casa de Mopso) en la bilingüe de Karatepe y SPH MPS (descendencia de Mopso) en la bilingüe de Çineköy.
72 Jasink y Marino 2007, 414; Astour 1965, 38.
73 Jasink y Marino 2007, 412, nota 31. La mención más antigua de Adaniya se encuentra en el Edicto de Telepinu (KUB XI 5 Ro 143), datado a finales del siglo XVI a C. De acuerdo con la tradición griega, los cilicios habían sido llamados hipaqueos a principios de la Edad de Hierro, un nombre relacionado con el de los aqueos; véase Herodoto VII, 91.
74 Barnett 1975b, 441-442. Este autor sugirió que los nuevos gobernantes de Adana eran helénicos pero habían hecho tratos con los inmigrantes frigios llamados muski.
75 French 1975, 55-56, 74, nota 5.
76 Pritchard (ed.) 1969, 653-654; Jasink y Marino 2007, 411, nota 29. La tierra asiática de Danuna es mencionada en una carta de El-Amarna (EA 151) que fue escrita por el rey Abi-Milku de Tiro en el siglo XIV a C; véase Moran 1992, 238-239.
77 Wilson 1969, 262-263.
78 Haider 1988, 9-15. Esta inscripción está localizada en el templo funerario de Amenhotep III, en Kom El-Hetan, y menciona Micenas y otras ciudades helénicas junto a Danaya. El antropónimo Da-na-jo está registrado en la tablilla micénica KN Db1324.
79 Astour 1965, 38, 45-46.
80 Veáse una recopilación de este mito en Graves 1990, 1: 200-203. De acuerdo con la tradición griega, Dánao era un descendiente de Épafo, quien puede ser identificado con el faraón Apofis de los hicsos. El legendario hermano de Dánao era Egipto. Véase también Astour 1965, 83, 93.


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Nota: El copyright del artículo “La crisis del Mediterráneo oriental y el origen de los frigios” pertenece a Carlos J. Moreu. El permiso para volver a publicar esta obra en forma impresa o en Internet ha de estar garantizado por el autor.